—¿Están seguros de que cinco niños no son demasiados? —preguntó Valeria, cruzada de brazos frente al pastel con forma de castillo de princesas que claramente no era apto para la dieta de nadie.
—No eran cinco cuando los hicimos —replicó Emily, con la camisa manchada de puré de zanahoria y un moño que parecía rendirse ante la gravedad.
—¿Ustedes “hicieron” algo más después de los primeros tres? —Albert apareció desde la cocina con una de las gemelas cargada como un koala en su brazo derecho y u