Albert llegó al antiguo apartamento de Valeria dos días después de recibir la carta.
Llevaba flores. No las típicas rosas de disculpa: eran peonías, las favoritas de Emily. Lo había descubierto revisando en secreto su calendario digital de cumpleaños y notas personales. También llevaba una bolsa con empanadas argentinas del pequeño local que a Emily le encantaba —ese que descubrieron juntos en un almuerzo informal entre reportes y risas nerviosas.
Estaba decidido. Ya no importaban ni la familia