Albert no tenía paciencia para mucho esa mañana. Había dormido mal. Su café sabía raro. Y Emily había llegado riendo con Fabián.
Otra vez.
Desde que su amigo regresó a la ciudad, cada paso que daba parecía ir directo hacia Emily. “Casualidades”, decía él. “Coincidencias”. Pero Albert sabía que no existían tantas coincidencias en este universo.
Y cada vez que los veía compartir un café, intercambiar una broma, o simplemente sonreírse como si se conocieran de toda la vida, algo dentro de él crují