—¿Otra vez flores? —preguntó Valeria con una ceja levantada, mientras veía a Emily entrar al apartamento cargando un pequeño ramo de tulipanes.
—No son lo que parece —respondió Emily, dejando las flores sobre la encimera.
—¿No son de Fabián McNeil, el guapo importado con sonrisa de comercial de perfume
—Sí, pero…
—Entonces son exactamente lo que parece.
Emily bufó y se dejó caer en el sofá. Tenía los hombros tensos y la mente saturada.
—¿Sabes qué es lo peor?
—¿Que te gustan ambos y estás atrap