El plan se puso en marcha al anochecer, cuando las sombras largas de las torres de vigilancia se tragaban el patio. La Directora Carmenza, furiosa por el desorden pegajoso de café y documentos en su oficina inmaculada, y temiendo que el olor a humedad atrajera una inspección sanitaria inminente, rompió su propio protocolo de seguridad. No llamó a los conserjes habituales. Llamó al personal de limpieza de más confianza, aquella que tenía acceso a las llaves maestras: La Cobra.
La Cobra entró en