La lluvia caía con una persistencia monótona, convirtiendo los jardines de la mansión en un lodazal oscuro. Para la mayoría, era una noche para refugiarse junto al fuego; para Valentina, era la cortina perfecta.
Desde su posición en los establos, había visto salir el coche de los Ferrán. Beatriz se había retirado a sus aposentos, probablemente satisfecha con su crueldad y segura de que su "esclava" estaba sepultada bajo montañas de estiércol.
Valentina esperó diez minutos más, contando los segu