Nicolás se acercó y besó su frente. Se sentía culpable cada vez que lo hacía. Isabella lo amaba. Lo amaba con una pureza que él no merecía.
—Lo siento, Bella. Asuntos de trabajo.
Isabella le sirvió una copa de vino. Lo observó mientras bebía. Ella sabía que había partes de Nicolás a las que no podía acceder. Sabía que había una habitación cerrada en su mente.
—Estás aquí, Nico —dijo ella suavemente, poniendo su mano sobre la de él—, pero a veces siento que tu mente viaja muy lejos. Al otro lado