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Capítulo 37: Captura y confrontación.

La mañana siguiente amaneció fría en la mansión de Nueva York. Sofía se levantó temprano, su mente aún revuelta por la noche en la biblioteca. Había descartado ideas oscuras, optando por un control más sutil.

Colaborar en los planes de Viktor podía ser la clave para cambiarlo. Pero esa sombra infernal persistía, acechando en su subconsciente.

Viktor entró al comedor con expresión tensa.

Su teléfono vibraba sin parar con actualizaciones de Dimitri.

—Los chechenos avanzan—, murmuró, sirviéndose café negro.

Sofía lo observó, con serenidad. Decidió probar su nuevo enfoque.

—¿Puedo ayudar con los planes hoy?—, preguntó, su voz calmada.

Él la miró sorprendido, sus ojos grises evaluándola.

—Tal vez—, respondió ronco, dudando.

Antes de continuar, Dimitri irrumpió en la habitación.

—Jefe, lo tenemos. Al padre de Sofía. Lo capturamos vendiendo info en un bar de las afueras.

El hombre estaba atado en el sótano, listo para interrogatorio.

Sofía sintió un nudo en el estómago. Su padre, el traidor que la vendió por deudas. No lo odiaba del todo, pero tenía ese resentimiento ardía en lo más profundo de su ser.

—Voy contigo—, dijo Sofía con firmeza, levantándose del puesto.

Viktor asintió, su mano rozando la de ella posesivamente. Bajaron al sótano, el aire húmedo cargado de tensión.

El padre de Sofía estaba amarrado a una silla, magullado pero consciente. Sus ojos se abrieron al ver a su hija.

—Sofía... mija, ayúdame. Es por tu mamá, las deudas médicas me ahogan.

Ella se acercó, su corazón dividido.

—¿Por qué me vendes de nuevo? ¿Como si no importara?"

Viktor se interpuso, su voz cruel activándose.

—Responde, viejo. ¿Qué les dijiste a los chechenos?

El padre balbuceó excusas, culpando la pobreza.

Viktor sacó un cuchillo, presionando sugerente contra su hombro. Un corte superficial, sangre goteando para intimidar. Sofía jadeó, el horror mezclado con estrategia.

—Para, Viktor, intervino ella, su tono autoritario.

—Lo salvaré si colabora. Dime todo, papá. Las rutas, los contactos.

El padre, temblando, confesó: alianzas chechenas en el puerto, planes para atacar la mansión. Sofía anotaba mentalmente, ganando poder con cada detalle. Viktor la miró, vulnerable ante su intervención. Esto era su nuevo control, bullendo dulce.

Dimitri arrastró al padre a una celda temporal.

Viktor y Sofía subieron, el silencio pesado.

En la oficina, ella desplegó un mapa.

—Usemos esto para contraatacar. Mi idea: flanquea por el este.

Él gruñó aprobación, su mano en su cintura.

La colaboración encendía algo nuevo entre ellos.

Pero el padre gritó desde abajo, suplicando libertad. Viktor descendió furioso, amenazando más dolor. Sofía lo siguió, interviniendo de nuevo.

—No lo mates. Úsalo como cebo para atraer chechenos—. murmura ella con un dejo de inquietud, igual sigue siendo su padre, después de todo.

Su padre la miró agradecido, pero traicionado.

aún así asintió, creía en que su hija no le haría daño, Sofía lo miró de vuelta, un entendimiento mutuo pero recordando en la situación en la que están.

La tarde trajo más confesiones forzadas.

El padre reveló un contacto clave: un checheno en la ciudad. Viktor ordenó a Leonid rastrearlo, celos latentes por el socio guapo.

Sofía sugirió una trampa, su mente bullendo con planes. —Si colaboro, cambias, ¿verdad?

Viktor asintió, besando su sien posesivo.

Sin embargo, la traición familiar dolía profundo.

Su padre, roto por deudas, la había vendido dos veces. Sofía sintió lágrimas picar, pero las contuvo. En la biblioteca esa noche, reflexionó sola. La colaboración funcionaba, pero la sombra infernal prometía más. Algo oscuro, como manipular alianzas en secreto.

Viktor la encontró allí, arrodillándose a sus pies.

—Gracias por intervenir. Me controlas, Sofía.

Ella tocó su cabello, provocándolo sutil.

—Sí, y lo haré más y cada vez más. Para cambiarte.

Se inclinó y buscó sus labios en un beso intenso, con la tensión bullendo. La guerra continuaba afuera, pero dentro, su poder crecía.

El padre, en la celda, murmuraba excusas. Sofía bajó sola, confrontándolo.

—¿Por qué me usas como moneda?

Él lloró, culpando la vida dura.

Pero ella vio la verdad, egoísmo puro, oscuro y persistente, pero igual... era su padre, aunque le duela en el alma.

_____

De vuelta con Viktor, planeaban el contraataque.

Su idea de cebo funcionó, chechenos mordieron el anzuelo.

Dimitri reportó un ataque fallido.

Viktor abrazó a Sofía, vulnerable.

—Eres mi aliada ahora.

Sofía sonrió interna, la sombra susurrando triunfos mayores.

La noche cayó, con guardias alerta. Sofía durmió inquieta, soñando traiciones. Su padre escaparía pronto, lo sabía, pero usaría eso para dominar y planificar nuevas ideas. La colaboración era su arma, con oscuridad debajo.

Viktor velaba, pistola cerca. Sofía lo observó dormido, apenas se daba cuenta de detallar la belleza de este hombre, y de como poco a poco ella se estaba apoderando de alguien como él, de un mafioso adinerado lleno de influencia.

Ella, que apenas tenía valor con sus padres cuando era pequeña, ahora prácticamente su vida ha cambiado, tomado un rumbo diferente, de la pobreza a comprada por un jefe mafioso, sonríe con incredulidad, pues su padre, quien la metió en este embrollo, no sabía si seguir enojada con él o estar agradecida.

Su sonrisa se desvanece levemente, pues recordando lo que este hombre le hizo en carne, sí, tú Viktor, el que la maltrató tanto desde su llegada, Sofía todavía sigue sin poder creer, ella no quiere admitirlo, no quiere, pero... ella está sintiendo cosas últimamente, cosas que hacen latir su corazón de diferente manera, no... todavía no, ella aún no puede amarlo.

—Mañana—, piensa, seguirá pensando en más planes, cambiarlo o romperlo, sutilmente, la mansión parecía un tablero de ajedrez, ella, empezará a convertirse... no, hará el movimiento de la reina en este ajedrez por primera vez.

El teléfono de Viktor vibró. Un mensaje claro.

—La idea de Sofía funcionó—. Reunámonos lo antes posible.

Sofía logró ver el mensaje, ella asintió para sí misma, ya pensando en lo que piensa planificar, mira la hora, todavía no era media noche, mira a Viktor, no quería despertarlo... bueno, al menos no de la manera común y convencional, no... si no a su manera.

Sofía se acerca a la cama, se monta y acomoda a Viktor boca arriba, se acomoda entre sus piernas, y hará algo que todavía no había hecho voluntariamente.

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