Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa noche siguiente al disparo en el salón, la mansión parecía un fortín asediado, con guardias extra patrullando los jardines nevados de Nueva York y el eco de sirenas lejanas recordando que la guerra chechena no daba tregua. Sofía se despertó sola en la cama, piernas que estira en busca de calor, envuelto en una bata de seda que Viktor le había dejado.
Por dentro, esa gana de dominar bullía sutil, mezclada con el horror de la sangre salpicada en su chándal el día a






