Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche siguiente al disparo en el salón, la mansión parecía un fortín asediado, con guardias extra patrullando los jardines nevados de Nueva York y el eco de sirenas lejanas recordando que la guerra chechena no daba tregua. Sofía se despertó sola en la cama, piernas que estira en busca de calor, envuelto en una bata de seda que Viktor le había dejado.
Por dentro, esa gana de dominar bullía sutil, mezclada con el horror de la sangre salpicada en su chándal el día anterior. No odiaba a Viktor del todo, era su protector cruel, pero el resentimiento por su vuelta a la bestia latía fuerte, como un pulso oscuro. Bajó a la cocina, donde Irina y Olga preparaban el desayuno con manos nerviosas, sus acentos rusos susurrando advertencias sobre "el jefe en modo guerra". Sofía, con su cabello oscuro ondulado, tomó un café negro, pensando en su familia, su mamá enferma en una casita humilde, luchando contra esa dolencia que devoraba sus fuerzas, y su papá, emigrado que había huido a Nueva York por deudas, vendiéndola como si fuera un lote de café en mal estado. No lo odiaba, no del todo, era un hombre roto por la vida latina dura, pero el resentimiento quemaba, la había vendido por algo en lo que ella, una chica de 20 de raíces colombianas, no tenía nada que ver. El rugido de motores anunció la llegada de Viktor al mediodía, cubierto de hollín y sangre seca, sus ojos grises ardiendo con una crueldad renovada. Había liderado contraataques personally: almacenes chechenos volados en retaliación, explosiones que iluminaron el puerto como fuegos artificiales mortales, hombres muriendo en ambos lados con gritos que aún resonaban en su cabeza. Entró al salón, tirando su chaqueta manchada al suelo, y se dejó caer en el sofá, gruñendo bajo. –Los bastardos pagaron caro –murmuró, su voz ronca cargada de fatiga y furia–. Dos de sus depósitos en llamas, cinco de los suyos muertos. Pero perdimos tres hombres leales. Esto es por ti, Sofía... para que no te alcancen. Ella se acercó, su lunar coqueto temblando con una mezcla de miedo y desafío, rozando su brazo con dedos sugerentes para recordarle su poder nuevo. –¿Y si esto solo lo empeora? –susurró, traviesa pero firme, su panza redonda presionando sutil contra su lado–. Mi familia en Colombia ya sufre suficiente. No conviertas esto en una masacre infinita. Viktor la miró, flaqueando un segundo ante el toque, pero su crueldad protectora lo endureció —No hay opción, Sofía. Los chechenos huelen debilidad. En ese momento, Dimitri entró, anunciando una reunión urgente con aliados, incluyendo a Leonid, el socio guapo que había coqueteado con Sofía, el que Anastasia había traído para romper ese vínculo que se estaba formando entre Sofía y Viktor. La reunión se llevó a cabo en la oficina, mapas desplegados como un tablero de ajedrez sangriento. Leonid llegó con su sonrisa suave y radiante en medio de este caos. —Si Viktor no te cuida bien, siempre hay espacio en mi yate para una reina como tú. Viktor gruñó, sus puños cerrándose, celos reavivados bullendo en su pecho como veneno. —Cállate, Leonid. Enfócate en los planes o te echo como a Anastasia. Pero por dentro, la posesividad lo carcomía, haciendo que mirara a Sofía con un ardor rico pero vulnerable. En medio de la discusión, reforzar rutas, más contraataques, el teléfono de Viktor vibró con un mensaje anónimo: "Hija, soy tu padre. Te venderé de nuevo a los chechenos si no pagas mis deudas. Ayúdame, por tu mamá en casa." Sofía lo vio en la pantalla, su corazón latiendo fuerte, y extendió la mano. —Déjame hablar con él —susurró, su voz baja y desafiante–. Es mi papá, Viktor. De Medellín, roto pero mío. No lo odio... solo resiento que me vendiera como si nada. Viktor negó con la cabeza, su mano grande cubriendo el teléfono, impidiéndolo "por su bien". —No, Sofía. Es una trampa. Los chechenos lo usan como carnada. Lo manejaré yo... cruel si es necesario, para protegerte. El resentimiento en Sofía explotó por dentro, esa burbuja bulliendo fuerte, no era maldad, pero sí una gana de tomar control. Esa noche, mientras Viktor dormía exhausto, ella se escabulló a la cocina, robando un frasco de veneno para ratas de un gabinete oculto, nada letal aún, solo una idea oscura, un plan para recordarle quién decidía ahora. La guerra rugía afuera, con celos y traiciones acechando, pero Sofía, con raíces latiendo en su sangre, estaba lista para avivar las sombras. Sin embargo, antes de que fuera hacer alguna maldad, se detuvo, inmediatamente, y miró en un reflejo de alguna ventana "¿Qué car*jo estaba haciendo?" se decía mentalmente ella misma, después de todo lo que ha vivido y hasta ahora, a pesar de que Viktor es malvado, un mafioso y cosas que a ella le hizo en el pasado... de todas formas ella nunca sería capaz de matar a nadie, no es asesina y mucho menos es como Viktor. Sofía se va a la biblioteca, tenía rato que no iba ahí, y se sienta en el sofá con la mente perdida, aún consternada por la situación. —Puedo controlar a Viktor de otro modo—. murmura para sí misma con la mano en el corazón y una lágrima que casi se le salía. —Sí... claro que puedo, después de todo... sí puedo, él, él puede cambiar si logro dominarlo... Sofía comenzaba a planificar ideas mientras Viktor sin saber, dormía plácidamente en la habitación, ella quería buscar la manera, pero todo este problema de sus padres, los chechenos y la guerra, le era difícil poder concentrarse, aunque aparte de hacer el amor, había otra manera de apelar al lado de Viktor; colaborar con los planes de la guerra. Sí, es una locura, desconoce todo tipo de mafias, reglas, y guerras de ese tipo, pero si podía dar opiniones que valieran la pena, Viktor podría cambiar... ¿verdad? Sin embargo, a pesar de los pensamientos positivos de Sofía, había algo mucho más oscuro bajo esas sobras infernales.






