Mundo ficciónIniciar sesiónEl vuelo de regreso a Nueva York fue tranquilo, cómodo, no habían discusiones, peleas, no hubo nada que tuviera que dañar el momento, esta vez se sentaron juntos, esta vez no hubo interrupción, esta vez... iban de la mano, aunque estuvieran dentro de un Jet privado.
El Mercedes se detuvo frente a la mansión al atardecer, el cielo de Nueva York teñido de naranja y gris. Viktor bajó primero, extiende su mano para ayudar a Sofía a bajar las escaleras del Jet. Ella la tomó, sus dedos se rozaron, una chispa se encendió, un calor breve recordando lo de ayer, unas sonrisas tímidas por aquí y por allá. Habían vuelto de Chicago en silencio sereno, con calma, pero no el silencio de antes: era un silencio lleno de algo nuevo, algo que ninguno sabía nombrar todavía. Irina abrió la puerta principal, sonrisa profesional. —Bienvenidos de vuelta, Sr. Sra.—dijo—. La cena está... Se detuvo. En el salón, Anastasia estaba sentada en el sofá de cuero negro, sus piernas largas cruzadas con medias oscuras veladas, vestido rojo sangre, con su sonrisa felina y viperina, a su lado, un hombre alto, traje caro, cabello oscuro perfecto, estaba sentado en el sofá de al lado, con un vaso de vodka en la mano. Viktor se quedó quieto, hubo un silencio largo, silencio total. —¿Qué mi*rda haces aquí? —preguntó bajo, con voz helada y casi gutural. Anastasia se levantó lentamente, contoneándose con sus caderas perfectas y curvas. —Hola, cariño —dijo dulce—. Papá y yo reconsideramos. Los negocios son demasiado importantes para cortar lazos tan... rápido. El hombre se levantó también, sonrisa fácil, sencilla y a la vez... casi fingida. —Leonid Kuznetsov —se presentó, extendiendo mano a Viktor—. Socio nuevo de la familia Volkov. Un placer. Viktor no tomó la mano. —Dimitri —llamó a su compañero—. Sácala. Dimitri apareció, pero Anastasia levantó mano. —Un momento —dijo—. Papá manda saludos. Y una propuesta. Los chechenos están apretando. Si cortas con nosotros, cortas rutas, armas, dinero. Piénsalo bien, Viktor, sabes que si juegas con fuego y suben las brasas, tú solito no podrás apagarlas. Sofía se quedó quieta al lado de la puerta, con su sencillo vestido cayendo suave, con mirada calmada pero alerta. Leonid miró a Sofía, sus ojos se detienen en ella por más de un segundo, recorriéndola de arriba a abajo y de abajo a arriba sin ser discreto. —Y tú debes ser la famosa Sofía —dijo, voz cálida—. Anastasia me habló mucho de ti. Sofía levantó la mirada. —Encantada... supongo —dijo suave, su mirada viaja a Anastasia antes de volver a ver a Leonid. Leonid tomó su mano, le da un beso lento en los nudillos. —Encantado de verdad —susurró—. El placer es mío. Viktor tensó la mandíbula, su mano apretando la otra de Sofía al lado. Anastasia sonrió para sí misma, viendo ya los efectos que causa en Viktor, de que ella es quien tiene el sartén por el mango. —Leonid se queda también —dijo—. Para... coordinar. Viktor miró a Dimitri. —Se quedará en la habitación de invitados —ordenó secamenre—. Lejos. Anastasia se rió bajito. —Como siempre, cariño. Controlando todo. En la cena, el ambiente se vuelve tenso, sólo se escucha el sonido de los cubiertos al chocar contra la porcelana del plato. Anastasia al lado de Viktor, Leonid frente a Sofía. Anastasia tocaba el brazo de Viktor, recuerdos silenciosos pero susurrados. —¿Te acuerdas de Santorini? —dijo—. La villa privada, el yate... noches que no terminaban. Viktor tomó vodka, dio un trago largo. —Fueron negocios —cortó rápidamente. Leonid miró a Sofía. —Chicago es hermosa, ¿verdad? —preguntó—. ¿Primera vez? Ella asintió casi tímida. —Primera vez en muchas cosas. Él sonrió. —Hay muchas primeras veces por descubrir. Viktor apretó el vaso sutilmente, se lleva el vaso a los labios y bebe un trago con un hielo que mastica más fuerte de lo debido, el músculo se le marca en cada masticar. Anastasia volvió a reír. —Leonid es experto en... primeras veces. Sofía miró fijamente. —Prefiero las mías propias, así de simple. Leonid alzó ceja, su sonrisa se hizo más amplia. Viktor tomó otro trago largo y ardiente. _____ Después de la cena, Anastasia tomó a Viktor del brazo. —Hablemos de la propuesta de papá —dijo—. En privado. Leonid se acercó a Sofía. —¿Paseamos por el jardín? —preguntó—. Noche bonita. Ella dudó, pero asintió, Viktor vio, mandíbula con la que se tensa de nuevo, de como Leonid la invita a alejarse de él. En el jardín, la nieve es ligera, Leonid caminó a su lado. —Eres diferente —dijo—. Anastasia habla mucho. Pero no dice la verdad. Sofía miró las luces. —¿Qué verdad? —Que él te mira cuando cree que nadie ve —dijo Leonid—. Que te toca... diferente. Que te está perdiendo. Ella se detuvo. —No me pierde —dijo calmada—. Porque nunca me tuvo... eso es lo que creo, lo que pienso. Leonid sonrió levemente. —Quizá alguien más sí pueda. Ella lo miró de reojo ante de desviar la mirada un vez más hacia el jardín. —Quizá. _____ Adentro de la mansión, Viktor y Anastasia están en la oficina. —Firma —dijo ella, papeles en la mesa—. O los chechenos te comen vivo. Viktor miró los papeles. —No firmo nada contigo aquí. Ella se acercó lentamente como siempre, contoneándose, su cabello lacio que se agita con cada paso, pone su mano en su pecho. —Antes firmabas todo conmigo encima —susurró—. Podemos volver, además, ya sabes que con mi padre no se juega, sí o sí necesitas su apoyo, cueste lo que cueste. Él la miró. —No. Pero la duda le picó, joder, le picó. Sofía y Leonid regresan a la mansión, por un momento Sofía tuvo un presentimiento, entonces caminó por el pasillo cerca de la oficina de Viktor, y vio la puerta cerrada. Escuchó risas ahogadas al otro lado de la puerta. Y algo se rompió otra vez. Leonid la tomó del brazo con firmeza pero con suavidad. —No entres —dijo bajo—. Ven conmigo, por favor. Ella miró la puerta. Y por primera vez... dudó de verdad.






