Mundo ficciónIniciar sesiónLa camisa cayó lentamente.
Los pantalones por igual. El bóxer siguiendo después. Él quedó desnudo, duro como el acero, latiendo rápidamente como los latidos de su corazón, mirando cómo ella lo miraba con nervios y quizás con una chispa de anticipación y miedo, un potente paradisíaco que estaba a punto de saborear. Luego, con brusquedad, Viktor se acomodó boca arriba en la cama king, brazos detrás de la cabeza, sonrisa peligrosa. —Ahora tú —dijo, voz grave—. Sube. Móntame. Muévete como quieras. Como sientas. Sofía se quedó helada, mejillas ardiendo. —¿Yo… arriba? —susurró, voz temblando—. Nunca… nunca he… Él la tomó de la cintura carnosa, la levantó con facilidad, la puso a horcajadas. —Primera vez para todo, gordita —gruñó, manos en sus muslos—. Hazlo. Quiero verte perder el control por una vez. Ella se mordió el labio, vergüenza subiendo como fuego. Bajó despacio, sintiendo cómo él la llenaba, centímetro a centímetro. Jadeó, manos en su pecho para equilibrarse. —No sé… cómo… —susurró, rostro rojo, incapaz de mirarlo. Viktor sonrió, ojos oscuros brillando. —Mírame —ordenó—. Mira cómo me tienes. Duro por ti. Solo por ti. Tus rollitos, tus muslos, ese culo pequeño que tiembla cuando te mueves… me vuelves loco, Sofía. Nadie más. Ella se puso más roja, cubriéndose la cara con las manos. Él se las quitó, embistió desde abajo con sorpresa, fuerte. —¡Ah! —gritó ella, ojos abiertos. —Muévete —gruñó él—. Como sientas. Sofía respiró hondo. Empezó lento, caderas tanteando, subiendo y bajando insegura. Vergüenza quemando, pero placer creciendo. Viktor jadeó, manos en sus caderas. —Así —dijo ronco—. Joder, así. Me matas. Ella aceleró, poco a poco, encontrando ritmo. Miró sus ojos. Vio deseo puro. Vio que era ella, gordita, piernas flacas, rollitos temblando, quien lo tenía así. Una chispa se encendió. Se inclinó, cubrió su boca con la mano. Viktor abrió los ojos, sorprendido. Ella sonrió leve, primera vez dominante. Y empezó a moverse como pistón. Rápido, fuerte, profundo. Caderas golpeando, sonidos del amor llenando la suite, eco en las paredes de cristal. Viktor jadeó bajo su mano, ojos en blanco por primera vez, dejándose llevar, cuerpo temblando, manos clavándose en sus muslos. Sofía no paró. Él se vino, terminó con un gemido ahogado, su cuerpo arqueándose con fuerza por primera vez, perdiendo el control por completo. Ella siguió un segundo más, hasta que el placer la rompió también, imitó su grito, casi se le nubló toda la vista por tan intenso momento. Se dejó caer encima exhausta, con la respiración agitada y cierra los ojos un momento. Viktor la abrazó fuertemente contra su pecho, todavía aún alojado dentro de ella. —Joder —jadeó—. Nadie… nadie me había hecho eso, nunca había sentido algo así. Sofía sonrió contra su pecho, primera vez que también sonríe frente a todo pronóstico. —Primera vez para todo —susurró. Y por primera vez… él se rió. Después de unos minutos, Sofía dudó un momento antes de volver a moverse. Viktor, aún dentro de ella, abrió los ojos de golpe, sorprendido. El calor de su cuerpo, la forma en que ella se mecía lento, suave, casi tímida, lo tomó desprevenido. Se puso rojo de nuevo, respiración agitada, y un gruñido ronco sale de su garganta, sus manos suben instintivamente a esos gorditos laterales que siempre había despreciado. Los apretó suavemente, no para burlarse, sino para sentir, sentirla de verdad. —Joder… —susurró, voz ronca—. Eres… belleza pura. Nunca lo vi. Nunca. La miró de verdad por primera vez. No como carne sobrante. No como error. La miró. El lunar sobre el labio, la nariz pequeña y fina, los ojos marrones pero brillantes que lo hundían sin remedio. La fuerza interna que siempre había ocultado detrás de la calma, detrás del silencio, detrás de las lágrimas que ya no caían, y del dolor que aún pretendía borrar para siempre. Las lágrimas le picaron en la comisura de los ojos. Parpadeó rápido, negando esa debilidad. —Lo siento —dijo al fin, su voz un poco rompiéndose—. De verdad. Por haberte robado la virginidad… de esa manera tan insensible. Por tratarte como basura. Por compararte. Por todo. Cortó las palabras, con su garganta apretada. Él, Viktor Ivanov, capo de capos, no lloraba, no. Pero frente a ella… No le importó. Le dio vuelta con cuidado, él quedando encima de ella, y lentamente comienza a tomarla con amor. Se tomó su tiempo. Miradas largas, caricias suaves en la mejilla aún hinchada, besos profundos que sabían a disculpa y a algo nuevo. Sus manos grandes y callosas recorriendo su cuerpo como si lo descubriera por primera vez, mapeando: los rollitos, los muslos, el vientre redondo, los pechos pesados, cada relieve imperfecto, ahora se sentía más que perfecto, más cómodo, preguntándose en donde estuvo su cabeza todo este tiempo. —Eres perfecta —susurró entre besos—. Tal como eres. Sofía se dejó. Por primera vez, no lloró, como si un pesadez se le fuera, siente muy diferente el momento, la suavidad, las caricias, comparadas con la brutalidad de antes y la poca importancia, se sintió vista, querida, ya no utilizada, sino algo más. Duraron toda la noche, el tic tac del reloj ni siquiera se escuchaba, los sonidos de la ciudad sólo se escuchaba de fondo, las luces ya apagadas, todo iba yendo lento, intenso, los cuerpos hablando donde las palabras fallaban, donde realmente no se necesitaba hablar. Y cuando el sol salió sobre Chicago, Viktor la abrazó fuertemente, su cara la esconde en el hueco de su cuello. —No te vayas —susurró—. Quédate... por favor. Sofía cerró los ojos, se quedó en silencio un rato. —Descansemos primero—dijo suavemente mientras su mano acaricia su espalda con distracción. Él se quedó en silencio y por un momento, Sofía creyó que lo hizo enojar, pero para su sorpresa, Viktor asintió levemente sin salir de su cuello, y la respiración que Sofía había tomado, sale con alivio. Ambos suspiraron y cerraron los ojos, y por primera vez, el peso de los hombros de ambos, se habían desvanecido, se sintieron relajados, cómodos, satisfechos, mientras la madrugada se tragaba la poca noche que quedaba y ellos se quedaron apretados durmiendo juntos. ... Todo por primera vez.






