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Capítulo 223: Aguantar un poco más.

El jet ya había tomado altura, estable, firme en el aire, dejando atrás la cabaña, el bosque, la nieve… pero no el peso de todo lo que había pasado. Dentro, el ambiente era una mezcla extraña de cansancio, alivio contenido y una tensión que todavía no se iba del todo, como si todos supieran que aquello no había terminado, solo había cambiado de escenario.

Elena lo sentía más que nadie, desde antes de haberse montado en el jet.

Al principio fue leve. Un tirón bajo, profundo, como una advertencia suave que su cuerpo le lanzaba con cuidado, como diciendo “oye… aquí estoy”. Pero con los minutos… dejó de ser suave.

Se volvió insistente, más incómodo, real, y algo que la mantiene despierta todo el tiempo.

Mantuvo la sonrisa lo mejor que pudo mientras hablaba con Sofía, asentía, respondía con pequeñas frases, intentando no delatarse, pero por dentro… estaba contando segundos.

Cada respiración la medía. Cada movimiento lo calculaba, intentaba parecer serena, convincente.

—¿Te sientes bien?— preguntó Sofía en un momento, notando quizás que algo no terminaba de encajar.

Elena asintió rápido.

—Sí… solo… un poco cansada— respondió, llevándose una mano al vientre de forma casi automática, pero lo disimuló enseguida acomodándose el abrigo.

No era mentira, pero tampoco era toda la verdad, porque lo que sentía ya no era solo cansancio, era presión, era ese peso que baja… lento… pero decidido, y ahí fue cuando lo supo.

“Esto… ya empezó…” El corazón le dio un golpe fuerte en el pecho, no, por favor, ahora no, no aquí, no así en este ambiente.

Tragó saliva, forzando la calma, obligándose a mantener el control, porque si dejaba que el miedo entrara… lo iba a perder todo en segundos.

—Voy al baño un momento, ¿sí?— dijo con una sonrisa suave, mirando a Sofía.

Sofía asintió sin sospechar demasiado.

—Claro, ve tranquila.

Elena se levantó con cuidado, cada paso medido, cada músculo tenso, como si su propio cuerpo pudiera traicionarla en cualquier momento. Caminó por el pasillo del jet sosteniéndose apenas de los asientos, intentando que nadie notara nada raro, que nadie la mirara demasiado.

Especialmente Carl, no podía, no quería que la viera así, no ahora.

Llegó al baño y cerró la puerta con cuidado, apoyando la espalda contra ella apenas el seguro hizo clic.

Y ahí… la fachada se rompió un poco, soltó el aire que había estado conteniendo, llevándose ambas manos al vientre.

—Ay…— murmuró bajito, cerrando los ojos.

Sintió otro tirón, esta vez más fuerte, más claro, y ya no había dudas de ello...

—No… no…— susurró, negando suavemente, como si pudiera convencer a su propio cuerpo de esperar. —Aguanta… por favor…

Se acercó al pequeño lavamanos, apoyándose con ambas manos, bajando la cabeza mientras intentaba controlar la respiración.

Inhala, exhala, lentamente, como le habían enseñado, pero no era lo mismo, porque no estaba en una habitación cálida.

No estaba rodeada de médicos, no estaba en un lugar preparado, estaba en un jet, en el aire, en medio de todo y el miedo empezó a colarse.

¿Y si se sentaba…? ¿Y si eso hacía que el bebé bajara más rápido? ¿Y si…?

Negó con fuerza.

—No pienses…— murmuró. —No pienses en eso…

Se llevó una mano a la frente, sintiendo un leve mareo, la altura, la presión todo se estaba mezclando en su cabeza.

—Dios…— susurró, cerrando los ojos con fuerza. —Por favor… solo un poco más… solo aguanta un poco más…

Otra contracción.

Esta vez la hizo inclinarse un poco más, apretando los dientes, dejando escapar un quejido bajo que quedó atrapado en ese pequeño espacio.

El miedo ahora sí estaba ahí, fuerte, completo y crudo, lo peor es que le daba miedo romper fuente ahí mismo.

Porque ya no era una posibilidad. Era una realidad en proceso y sin embargo… su mente seguía firme en algo.

“No aquí…”

No en ese jet que había visto sangre, armas, miedo, no en medio de un escape. No en un lugar donde Carl no pudiera vivir ese momento como debía.

Quería algo distinto, algo bonito, algo seguro, así como cuando tuvo a Misha, quería ver su cara cuando escuchara el llanto, quería sentir sus manos temblar.

Quería que ese momento no estuviera manchado por el caos. Se llevó ambas manos al vientre, como si pudiera hablarle directamente.

—Mi amor…— susurró, con la voz quebrándose apenas. —Espera un poquito más… solo un poquito… vamos a llegar… te lo prometo…

Respiró hondo otra vez. Intentando calmar el temblor en su cuerpo. Intentando convencer al suyo propio de que obedeciera.

De que resistiera, de que no la dejara caer justo ahora, se enderezó despacio, mirándose en el pequeño espejo, el rostro pálido, los ojos brillosos.

Pero firme.

—Puedes…— se dijo a sí misma en voz baja. —Tú puedes…

En otro segundo hizo otro respiro, un pequeña victoria, fuera del baño, todo seguía normal, la vida seguía como si nada. Los murmullos bajos de alguien hablar con otro, el ronroneo suave del motor del jet, el falso equilibrio...

Y ahí dentro del baño... Elena luchaba en silencio contra su cuerpo, contra el tiempo, el miedo, porque a veces ser fuerte no era gritar, ni correr el a pedir ayuda, a veces era quedarse en pie, apretar los dientes y aguantar un poco más, solo un poco más.

Hizo un pequeña y última oración a quien pudiera escuchar sus plegarias en esos momentos, y después de echarse agua en la cara y pasarse la toalla, respira profundamente y sale del baño lo más relajada posible.

Sofía levanta la mirada y le sonríe, forma que Elena le devuelve con amabilidad.

—Todo bien ahí adentro?— preguntó Sofía, pues quería que estuviera bien y no estuviera pasando por algo que no querría admitir.

Por otro lado, Elena se acerca y se sienta cuidadosamente a su lado sosteniendo su vientre.

—De hecho— logra decir Elena. —Solo sentí algo de mareo, con lo del vuelo y con... bueno, todo lo que ha estado pasando, todavía lo sigo procesando.

Sofía comprende y le agarra la mano apretando suavemente.

—Entiendo, debe ser abrumador todo esto, estoy pasando por lo mismo, pero, ambas estamos en el mismo barco, así que lo que importa más ahora es apoyarnos mutuamente.

Sofía cierra los ojos con una leve sonrisa y no suelta la mano de Elena, algo que Elena agradece internamente, pues el agarre se consuelo de Sofía es suficiente como para ayudarla a relajarse un poco, aunque en estos momentos Sofía no sabe lo que Elena está sintiendo en estos momentos, pareciera que pudiera comprender el tumultuoso dolor interno de ella, y está ahí para calmarla.

Elena igualmente cierra los ojos y suelta un leve suspiro de paz, centrándose en la cálida mano de su amiga, en Carl, en Misha, en el bebé que está por venir, pero más que todo, en calmarse, en solo...

Aguantar un poco más.

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