Mundo ficciónIniciar sesiónLa cabaña seguía en pie, intacta, cálida por dentro… pero ya nadie la sentía como un refugio.
El aire había cambiado. No por el frío que se colaba desde afuera, ni por la tensión que había dejado la noche anterior… sino por algo mucho más claro: ya no estaban escondidos. Ya no estaban esperando. Ya no estaban a salvo por ignorancia. Ahora sabían. Y eso lo cambiaba todo. Viktor fue el primero en moverse, no con brusquedad, no con esa urgencia desordenada de antes, sino con una calma distinta, más peligrosa, más enfocada. Se pasó una mano por el rostro, sintiendo el cansancio, el ardor de la herida, el peso de cada decisión que venía… pero no dudó. —Nos vamos— dijo, directo. No levantó la voz, no era necesario, todos lo escucharon. Dimitri, que estaba apoyado contra una de las paredes con el chaleco aún medio abierto, alzó la mirada de inmediato, entendiendo hacia dónde iba todo incluso antes de que lo dijera en voz alta. —¿Moscú?— preguntó, aunque ya sabía la respuesta. Viktor asintió apenas. —A casa. La palabra cayó con un peso distinto. Casa. No era solo un lugar. Era territorio. Era historia. Era también… peligro. Carl soltó el aire por la nariz, llevándose una mano al costado donde la herida le seguía ardiendo como si le recordara que aún estaba vivo de pura casualidad. —Genial…— murmuró, con una sonrisa cansada —volver al nido del problema. Pero no había burla real en su tono. Había aceptación. Porque él también lo entendía. Dimitri se separó de la pared y caminó unos pasos, ya en modo estrategia, como si su mente hubiera cambiado de interruptor automáticamente. —Si nos movemos, no puede ser directo sin cobertura— empezó, pasando la mirada por todos. —Krasnova ya sabe dónde estamos, eso significa que también puede anticipar movimientos. Viktor asintió. —Por eso no vamos a hacerlo obvio. Ana, que estaba cerca de Dimitri, cruzó los brazos, frunciendo ligeramente el ceño. —¿A qué te refieres? Fue entonces cuando Dimitri tomó la palabra con más claridad, como si ya estuviera armando el plan completo en su cabeza. —Podemos fingir que regresamos solos— dijo. —Viktor, Carl, yo… nos subimos al jet, despegamos como si todos estuviéramos dentro… y ellas se quedan aquí. El silencio que siguió… duró exactamente medio segundo. Porque Sofía reaccionó de inmediato. —No. No fue un “no” suave, no fue dudoso, fue firme, seco y definitivo. Todos giraron a verla. Ella seguía de pie, recta, con esa misma fuerza que había mostrado hace apenas unos minutos, pero ahora había algo más… determinación. —No nos vamos a quedar aquí —repitió, más despacio, pero igual de clara. Viktor la miró. Y en lugar de interrumpirla… la dejó continuar. —Si esa mujer ya llegó hasta esta cabaña…— Sofía hizo un pequeño gesto con la mano, señalando el espacio —entonces quedarse aquí no es más seguro. Es lo contrario. Dimitri entrecerró los ojos, analizándolo. Y no dijo nada… porque tenía sentido. —Además— continuó Sofía, dando un paso adelante— no voy a esconderme mientras tú enfrentas esto solo. Eso fue directo para Viktor. —No otra vez. El silencio se hizo otra vez, pero esta vez… no era incómodo. Era tenso. Porque lo que estaba pasando ahí… no era una discusión cualquiera. Era una decisión de guerra. Elena, que hasta ese momento había estado más centrada en Carl, levantó la mirada, y aunque se notaba el cansancio en su rostro, había algo en sus ojos que coincidía completamente con Sofía. —Yo tampoco me quedo. Carl la miró de inmediato. —Elena… Pero ella negó suavemente. —No— dijo. —Este también es mi lugar ahora. Se llevó una mano al vientre, instintivamente. —Y quiero que mi hijo nazca allá. Eso cambió el ambiente otra vez, no era solo peligro, era pertenencia, era decisión. Sofía asintió levemente, apoyando esas palabras. —Yo también. Miró a Viktor, sin titubear. —Quiero que mi hija nazca en Rusia. Eso… no lo esperaba nadie. Ni siquiera él. —Ese es mi hogar ahora— añadió. —Nuestra familia está allá. Nuestra vida está allá. Una pausa breve. —No voy a huir de eso. Viktor la sostuvo con la mirada… largo. Y en ese momento… entendió que ya no podía tratarla como alguien a quien proteger ocultándole la verdad. Porque ella ya había cruzado ese punto. Dimitri soltó un pequeño suspiro por la nariz, medio resignado, medio impresionado. —Bueno…— murmuró —eso simplifica y complica todo al mismo tiempo. Ana lo miró de reojo. —¿Por? —Porque ahora no hay que dividirnos…—respondió él —pero vamos todos directo a la boca del lobo. Carl soltó una risa baja. —Perfecto. Plan sencillo. —Nunca dije sencillo— replicó Dimitri —dije claro. Viktor finalmente habló. —Entonces nos vamos todos. No hubo duda en su tono. Ni discusión. —Pero no sin prepararnos— añadió. —Dimitri, contacta a tu gente. Dimitri asintió de inmediato, ya sacando el teléfono. —Voy a poner vigilancia en la mansión principal y en la de las afueras— dijo mientras empezaba a marcar. —También en la de Carl. Carl levantó una ceja. —¿La mía? —Por si acaso— respondió Dimitri sin mirarlo. —Si Krasnova quiere jugar, va a buscar todos los puntos débiles. Carl no discutió, por supuesto que tenía razón. —Mi apartamento pasa desapercibido—bañadió Dimitri —así que ese lo dejamos como punto seguro secundario. Ana cruzó los brazos, pensativa. —O sea… por si todo se va al carajo. —Exacto —respondió él sin rodeos. Mientras Dimitri hablaba con sus contactos, dando órdenes claras, precisas, Viktor se quedó observando el grupo. Su familia. Porque ahora sí… lo eran todos. Y ya no había vuelta atrás. Doña María, que había estado en silencio todo ese tiempo, suspiró suavemente, llevándose una mano al pecho. —Bueno…— murmuró —al menos vamos juntos. Sofía la miró y sonrió apenas. —Siempre. Elena también asintió, apoyándose ligeramente en Carl. —Ya era hora de conocer bien esa famosa mansión. Carl soltó una pequeña risa. —Te prometo que normalmente no incluye balas. —Más te vale— respondió ella sin perder la sonrisa. El ambiente, aunque tenso… tenía algo distinto ahora. Algo más unido. Más sólido. Fue entonces cuando Ana, como si recordara algo de repente, miró a Sofía con una sonrisa ladeada. —Por cierto…—dijo —con todo este caos… nunca mostramos lo que compramos. Sofía parpadeó un segundo. Y luego… una ligera sonrisa apareció en su rostro. —Es verdad… Elena levantó una ceja, curiosa. —¿Qué compraron? Ana soltó una pequeña risa. —Cosas importantes. Carl frunció el ceño. —Eso suena peligroso. —Lo es— respondió Ana sin vergüenza. Sofía bajó la mirada apenas, con ese leve rubor que no desaparecía del todo… pero esta vez no era vergüenza. Era… anticipación, no dijo nada, pero en su mente… ya lo tenía claro. Ese regalo… no era solo un capricho, era una promesa, una que pensaba cumplir, cuando todo esto terminara. Cuando Viktor estuviera de vuelta con ella… de verdad. Y esta vez... sin mentiras, ni distancia, ni guerra entre ellos. Afuera, la nieve seguía cayendo suavemente, cubriendo todo con una falsa calma. Pero dentro… ya no había dudas, se estaban moviendo, y esta vez… no para huir, sino para terminar lo que había empezado. Así que esperaron a que la noche pasara y llegara la mañana, antes de que los niños despierten, todos empezaron a empacar sus pertenencias, las mujeres comenzaron a preparar las maletas, Doña María preparaba el desayuno para todos, y todos era a todos, hasta de Dragón gris que casi no se había sentido en estos últimos días. Después de un rato, Sofía llegó a Viktor, pues había olvidado hacer algo. —Viktor, ven aquí un momento, por favor. Viktor la mira, sus pasos son algo vacilantes, aún recuerda el pequeño discurso de su amada de hace un rato, y quiere hacerle olvidar todo pensamiento de aquello, pero en estos momentos solo le presta atención. Cuando tiene el valor de acercarse, Sofía simplemente le ayuda a quitarse la prenda para limpiarle la herida que le había rozado la bala en el hombro. Él la mira, como ella lo atiende con esa amabilidad, esa suavidad de sus dedos en su piel, y eso no hace más que sentirse más culpable, y un nudo apretado en la garganta que casi no lo dejaba respirar, parpadeó rápidamente para que no se le formen lágrimas. —Sofía...— su voz salió casi temblorosa pero aguantó. Antes de que pudiera decir algo más, Sofía le da un beso en la herida después de haberle puesto la gasa y la venda. —Listo...— levanta la mirada con una pequeña sonrisa y le acaricia la mejilla. Viktor siente el escozor en la nariz. —Mi amor... no sabes lo mucho que... —Shhh, hablaremos los dos más tarde, cuando lleguemos a Moscú, ¿Okay? has pasado por mucho, ahora solo quiero que te relájese un poco, ¿Puedes hacer eso por mí? Viktor no discutió más, asintió levemente pero con firmeza y no pudo evitar robarle un beso, uno en donde derrama todo su arrepentimiento y llenando más de promesas futuras. Después de separarse, apoya su frente con la de ella y aprieta los ojos con fuerza. —No te merezco, pero Dios me ayude, te amo y te necesito como el aire para respirar, gracias por no dejarme, gracias por haber soportado todo lo que te he hecho, gracias por convertirte en el amor de mi vida. Sofía sonríe con tristeza, con los ojos llenos de lágrimas. —Tonto cursi, pero... eres el tonto cursi más hermoso y del que me he enamorado para siempre, y nunca voy a apartarme de tu lado. Él la vuelve a besar con una sonrisa, y luego la abraza fuertemente. Sabe que todavía tiene pecados qué confesar, y mucho qué mejorar, porque quiere lo mejor para ella, para sus hijos, para su familia y toda la gente que lo rodea, y no dudará en protegerlos a todos.






