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Capítulo 221: El rastro invisible.

Dimitri fue el primero en reaccionar, como si su cuerpo ya estuviera condicionado a responder antes incluso de que el pensamiento se completara del todo en su cabeza. Se agachó junto al joven guardia en cuanto escuchó el golpe seco contra la nieve, ese sonido que no debía estar ahí, ese tipo de caída que no pertenece a un simple tropiezo. La blancura del suelo contrastaba demasiado con el cuerpo extendido, con la quietud repentina, con ese silencio que se instaló alrededor como si el bosque entero contuviera la respiración.

—Lukas…— llamó, firme, dándole un par de palmadas en la mejilla, no violentas, pero sí insistentes, constantes, como si quisiera obligarlo a volver por pura terquedad. —Lukas, despierta.

No hubo respuesta inmediata, solo ese leve movimiento de su pecho que confirmaba que seguía respirando, pero demasiado lento, demasiado pesado.

Dimitri frunció el ceño, inclinándose más, abriéndole uno de los párpados con el pulgar. La pupila reaccionó, sí, estaba ahí… pero no del todo.

—Está aquí…— murmuró entre dientes, más para sí mismo que para los otros. —No está perdido, pero tampoco está bien.

Viktor ya estaba a su lado, la mandíbula tensa, la mirada afilada recorriendo el entorno como si esperara que la misma noche le devolviera respuestas.

—Entonces es lo mismo— dijo, seco, sin rodeos. —La misma m****a de antes.

Carl soltó un suspiro pesado, pasándose una mano por el rostro, todavía con ese cansancio acumulado que no se iba ni con adrenalina.

—Joder… ni siquiera nos dio tiempo de subirnos al jet tranquilos.

Dimitri volvió a palmear el rostro de Lukas, esta vez un poco más firme.

—Lukas, escúchame… abre los ojos.

Nada. Un segundo. Dos.

Viktor chasqueó la lengua con impaciencia, levantándose apenas.

—Trae a Olga— dijo sin dudar. —Si alguien lo saca de esto rápido, es ella.

Carl no pudo evitar soltar una risa baja, cansada, pero con ese toque de humor negro que siempre aparecía en los peores momentos.

—O Dimitri puede intentarlo— soltó, cruzándose de brazos. —Ya sabes… método alternativo.

Dimitri ni siquiera lo miró de inmediato, seguía concentrado en Lukas, pero su voz salió firme, completamente seria… y peligrosamente convincente.

—No tengo problema.

Eso hizo que Viktor girara la cabeza lentamente.

—¿Cómo?

Dimitri finalmente levantó la mirada, completamente imperturbable.

—Si eso fue lo que funcionó antes…— dijo, encogiéndose apenas de hombros. —No voy a perder tiempo cuestionando métodos.

Carl soltó una carcajada ahogada.

—Este tipo va en serio…

Y lo peor… es que sí lo estaba.

Dimitri se inclinó un poco más hacia Lukas, acercándose con una intención que ya no dejaba mucho a la imaginación, completamente decidido a hacer lo necesario, sin vergüenza, sin filtro, sin absolutamente nada que lo detuviera.

—Vamos a ver si reaccionas con esto…

Pero justo en ese instante, Lukas abrió los ojos de golpe.

No completamente, no con claridad, pero lo suficiente.

Un jadeo corto escapó de su pecho, como si hubiera salido de un sueño pesado, espeso, de esos que te atrapan y no te sueltan.

—¡…!

Se incorporó apenas, desorientado, la respiración irregular, la mirada perdida por un segundo… hasta que enfocó.

Primero vio a Dimitri demasiado cerca, demasiado inclinado, demasiado sospechoso.

—¿Qué…?— murmuró, con la voz arrastrada, todavía atrapado entre el sueño y la realidad.

Dimitri se apartó apenas, con total normalidad, como si nada hubiera pasado.

—Bien, estás despierto.

Carl se giró, soltando una risa que ya no pudo contener.

—Te salvaste por segundos, hermano…

Lukas parpadeó varias veces, tratando de ubicarse, pero su mirada pasó de Dimitri a Viktor… y ahí se detuvo.

Había algo, confusión… sí, pero también una ligera molestia, como si su instinto le dijera que algo no estaba del todo bien.

—¿Qué… estaba pasando…?— preguntó, llevándose una mano a la cabeza.

Viktor lo observó un segundo… y luego sonrió.

No una sonrisa cálida, no una sonrisa amable.

Una de esas… cargadas de intención.

—¿Qué pasa?— soltó, ladeando apenas la cabeza. —¿Seguro querías seguir dormido?

Lukas frunció el ceño, pero no alcanzó a responder.

—O…— continuó Viktor, cruzándose de brazos, —¿querías que siguiera?

Silencio, un segundo, y entonces… las orejas de Lukas se pusieron rojas, literalmente.

Carl se dobló un poco de la risa.

—No lo superó… no lo superó para nada…

—Cállate— murmuró Lukas, desviando la mirada, claramente incómodo, pero intentando recuperar algo de dignidad.

Dimitri, por su parte, simplemente se levantó, como si todo eso no le afectara en lo más mínimo.

—Concéntrate— dijo, directo. —¿Qué pasó?

Y ahí… el ambiente cambió, porque Lukas también cambió, la confusión dio paso a algo más claro.

Más serio, más… peligroso.

Se pasó la mano por la cara, respirando hondo, intentando ordenar lo que recordaba.

—El olor…— murmuró.

Viktor y Dimitri intercambiaron una mirada rápida.

—¿Qué olor?— preguntó Viktor.

Lukas giró la cabeza lentamente hacia el árbol contra el que se había apoyado antes de caer.

Y lo señaló.

—Ahí…

Los tres siguieron la dirección de su dedo.

Un árbol cualquiera cubierto de nieve, silencioso, inofensivo… a simple vista. Pero Lukas negó con la cabeza.

—No es normal— dijo, ya con más firmeza. —Es el mismo.

Dimitri entrecerró los ojos.

—¿El mismo que habías respirado desde antes?

—Sí— respondió Lukas sin dudar. —Ese aroma… fuerte, pero no invasivo al inicio… entra lento… y cuando te das cuenta, ya es tarde.

Carl frunció el ceño.

—Yo no huelo nada.

—Porque ya se disipó— explicó Lukas. —O porque no estás lo suficientemente cerca… o porque no lo inhalaste en el momento justo.

Viktor dio un paso hacia el árbol, pero no se acercó demasiado.

—¿Qué hiciste exactamente?

—Me apoyé— respondió Lukas, señalando el tronco. —Fue… automático… estaba esperando… y entonces… lo sentí.

Se llevó dos dedos a la sien.

—No es un olor cualquiera… es… dulce… pero no empalagoso… como… como algo que te invita a respirar más profundo sin darte cuenta…

Dimitri soltó un suspiro corto.

—Una toxina volátil.

—Sí— confirmó Lukas. —Pero no actúa de golpe… te engaña… te relaja… te baja la guardia…

Carl tragó saliva. —Y luego te apaga.

—Exacto.

Un silencio pesado cayó entre los cuatro. El bosque ya no se sentía igual. La nieve ya no era solo nieve. El aire… ya no era solo aire.

Viktor miró el árbol una vez más… y luego al resto.

—Entonces no fue casualidad.

Dimitri negó con la cabeza. —No. Esto está colocado.

Carl apretó la mandíbula. —Como una trampa.

—Como un mensaje— corrigió Viktor.

Y ahí estuvo. La idea. La certeza.

Esa sensación incómoda que se instala en el pecho cuando entiendes que no estás reaccionando a un ataque… sino caminando dentro de uno.

Lukas bajó la mirada un segundo, como si algo más estuviera encajando en su cabeza.

—No estaba solo…— murmuró.

Los tres lo miraron.

—¿Qué?

Él frunció el ceño, esforzándose por recordar.

Lukas bajó la mirada nuevamente, como si buscara más respuestas, más pistas, pero esta vez negó lentamente.

—No…— murmuró, corrigiéndose a sí mismo. —No es que alguien haya pasado… está ahí…

Los tres lo miraron.

—¿Dónde?— preguntó Dimitri, ya en alerta.

Lukas levantó la mano con algo de pesadez y señaló directamente el árbol contra el que se había apoyado.

—En la corteza…

El silencio se volvió más denso.

Dimitri no esperó más. Caminó hacia el árbol, pero antes de acercarse del todo, se detuvo un segundo, llenó sus pulmones profundamente… y luego contuvo la respiración por completo. Su expresión cambió, más concentrada, más precisa. Se inclinó con cuidado, acercando el rostro lo suficiente sin llegar a inhalar, entrecerrando los ojos mientras analizaba cada detalle.

—…m****a…— murmuró apenas.

Viktor dio un paso más cerca, pero sin invadir su espacio.

—¿Qué ves?

Dimitri levantó una mano, señalando un punto específico del tronco.

—Ahí… míralo bien…

Carl se inclinó también, tratando de distinguir algo, pero al inicio no vio absolutamente nada fuera de lo normal. Corteza, nieve… sombras.

—No veo nada— admitió.

—Porque está hecho para no verse— respondió Dimitri con calma.

Y entonces, con el ángulo correcto y la luz justa… apareció.

Una ligera capa brillante, casi imperceptible, extendida en una parte de la corteza. No era espesa, no goteaba, no tenía color definido… pero estaba ahí. Transparente. Sutil. Traicionera.

—Parece savia…— murmuró Carl.

—Pero no lo es— corrigió Dimitri de inmediato. —Es demasiado uniforme… y está puesta, no salió del árbol.

Lukas tragó saliva desde atrás.

—Eso fue lo que respiré…

Dimitri asintió levemente sin apartar la vista.

—Y no es cualquier cosa… esto está preparado.

Se incorporó despacio, aún sin respirar por la nariz, y retrocedió un par de pasos antes de soltar el aire contenido con cuidado, girando el rostro para evitar cualquier residuo.

—Necesitamos una muestra— dijo enseguida, firme.

Viktor ya estaba mirando a uno de los guardias que se había acercado.

—Tú— señaló. —Busca algo para recolectar eso. Un vial, vidrio, lo que sea… y tráeme un cerillo o un encendedor. Ya.

—Sí, señor.

El guardia no dudó y salió de inmediato hacia el jet.

Carl volvió a mirar el árbol, ahora con otra perspectiva completamente distinta.

—La dejó aquí a propósito…

—Claro que sí— respondió Viktor con frialdad. —No es un ataque… es una advertencia.

Dimitri cruzó los brazos, pensativo.

—O un ensayo.

Ese comentario pesó más de lo que debía. Porque tenía sentido. Demasiado.

Lukas miró otra vez el tronco, ahora con una mezcla de respeto y miedo.

—Es fuerte… pero no mata… solo duerme…

Viktor negó suavemente.

—No…— dijo, con esa certeza incómoda que se mete bajo la piel. —Esto es lo que quiso que sintiéramos.

Carl frunció el ceño.

—¿Y si tiene algo peor?

Nadie respondió de inmediato. Porque todos pensaron lo mismo. Dimitri fue el primero en romper el silencio.

—Entonces más nos vale descubrir qué es esto… antes de que decida usar algo diferente.

El guardia regresó en ese momento, agitado pero eficiente, con un pequeño frasco de vidrio y un encendedor en mano.

—Aquí, señor.

Dimitri lo tomó sin perder tiempo, volvió a contener la respiración y se acercó otra vez al árbol, esta vez con más cuidado aún. Con ayuda de una pequeña navaja, raspó apenas la superficie impregnada, dejando que el líquido transparente aunque ya no estaba del todo líquido por el ambiente frío y lleno de nieve, lo poco que se desliza apenas es la parte que no logró congelarse.

Casi no se veía, pero estaba ahí y eso era lo peor.

Tapó el recipiente de inmediato y se alejó.

—Listo.

Viktor observó el pequeño frasco como si estuviera mirando una bomba.

—Esto…— murmuró —…es lo que nos está respirando en la nuca.

Carl soltó un suspiro bajo.

—Definitivamente no me gusta esta mujer.

Dimitri guardó el frasco con cuidado.

—No es para que te guste… es para que la mates.

Y Viktor… Viktor no sonrió esta vez. Solo miró el bosque una vez más. Oscuro. Silencioso. Esperando.

—Y lo haré.

Pero ahora… ya no era impulso.

Era decisión.

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