Inicio / Mafia / COMPRADA POR EL JEFE DE LA MAFIA / Capítulo 222: En el mismo vuelo o broma del destino.
Capítulo 222: En el mismo vuelo o broma del destino.

El pequeño frasco quedó en manos de Dimitri unos segundos más de lo necesario, no por duda, sino por ese instinto casi obsesivo de asegurarse de que estuviera bien sellado, de que nada se filtrara, de que ese rastro invisible no volviera a jugarles una mala pasada. Lo giró entre sus dedos, observando cómo la luz apenas lograba rozar el contenido, prácticamente inexistente a simple vista, pero cargado de todo el peso de lo que acababan de descubrir.

—Esto no se abre hasta que estemos en un lugar controlado— dijo finalmente, guardándolo con cuidado dentro de un compartimento seguro del equipo que llevaban. —Y ni se les ocurra acercar la cara cuando lo hagamos.

Carl soltó una risa baja, más por tensión que por humor.

—Tranquilo, no tengo ganas de dormirme en medio de una guerra otra vez.

Viktor no comentó nada. Su mente ya estaba en otro lado, moviéndose más rápido que cualquier palabra, calculando tiempos, distancias, riesgos. Miró una última vez el árbol, ese punto aparentemente insignificante que ahora se había convertido en una señal clara: Krasnova no solo estaba cerca… estaba jugando.

—Movemos el jet— ordenó finalmente, girándose hacia los demás. —No quiero perder ni un minuto más aquí.

Y así fue.

Entre todos, con movimientos rápidos pero coordinados, llevaron el jet lo más cerca posible de la cabaña, lo suficiente como para facilitar la salida sin exponer demasiado la zona. El sonido de los motores rompió el silencio del bosque, ese rugido controlado que, por un momento, hizo parecer que todo volvía a tener sentido, que estaban retomando el control.

Pero no era del todo cierto.

Porque dentro de la cabaña… ya los estaban esperando.

Las luces encendidas, las sombras moviéndose tras las ventanas, la tensión acumulada en cada respiración. Cuando finalmente la puerta se abrió y comenzaron a salir, uno por uno, el contraste fue inmediato: el frío cortante de afuera contra el calor humano que se aferraba a mantenerse firme.

Sofía fue de las primeras en aparecer, sosteniendo su abrigo contra el pecho, pero con la mirada fija en Viktor. No dijo nada, no hacía falta, pero ese pequeño gesto de verlo, de asegurarse de que seguía ahí, valía más que cualquier palabra.

Detrás de ella, Elena caminaba con cuidado, una mano apoyada discretamente sobre su vientre.

Y entonces lo sintió, un leve tirón, casi sutil… pero inconfundible, su respiración se detuvo por un segundo.

“...no puede ser…” pensó internamente.

Bajó la mirada apenas, disimulando, como si solo estuviera acomodándose el abrigo, pero su mente ya estaba corriendo.

¿Ahora? ¿En este momento? No… no era el momento. No con todo lo que estaba pasando. No con todos tensos, heridos, apresurados.

Su primer impulso fue buscar a Carl, decirle, tomar su mano y dejar que él decidiera, pero… lo vio. Lo vio de pie, con el cuerpo aún resentido, la sangre seca en la ropa, el rostro cansado pero firme, intentando mantenerse fuerte por todos.

Y algo dentro de ella se detuvo.

“No… ahora no…” Luego miró a Sofía. Y ahí la duda fue distinta. Porque Sofía entendería. Pero también… se preocuparía. Y eso era justo lo que menos necesitaban en ese momento.

Así que respiró hondo.

Una vez, por segunda vez y forzó una pequeña sonrisa, como si nada pasara.

“Aguanta…” Se dijo a sí misma. “Solo un poco más…” Y caminó sin decir nada, como si todo estuviera bien.

Mientras tanto, la movilización continuaba. Los niños, aún medio dormidos, eran cargados con cuidado, envueltos en abrigos gruesos. Alexei, con ese apego tan suyo, llevaba a Dragón Gris firmemente entre sus brazos, protegiéndolo como si fuera un tesoro irremplazable.

—No lo voy a dejar— murmuró, medio adormilado pero firme.

—Nadie te lo va a quitar, campeón— respondió Viktor, pasando una mano rápida por su cabeza antes de ayudar a subirlo.

Ana sostenía a la pequeña Sofía, arrullándola con suavidad, mientras Irina cargaba a Nikolai, vigilando cada paso para no resbalar en la nieve.

Doña María iba detrás, murmurando entre dientes algo sobre el frío, los nervios, y la necesidad urgente de una buena sopa caliente en cuanto llegaran a donde fuera que iban.

Uno a uno, todos comenzaron a subir al jet.

El interior, aunque frío al inicio, pronto empezó a llenarse con el calor de todos, con ese murmullo bajo de voces, de respiraciones, de vida.

Y entonces… Olga.

Fue de las últimas en subir.

Se acomodó en uno de los asientos traseros, notando de inmediato que había un espacio libre frente a ella. No le dio mucha importancia al inicio, estaba más concentrada en todo lo que había pasado, en lo que acababan de descubrir, en lo que significaba realmente todo esto.

Hasta que lo vio, Lukas subiendo también al jet, con ese aire aún ligeramente desorientado, pero ya firme, ya consciente, ya presente.

Olga apartó la mirada de inmediato.

“…no mires…”

Pero claro. El destino, que a veces tiene un humor bastante cuestionable, decidió hacer de las suyas. Porque no había más asientos disponibles.

...Increíble...

Ni uno, ni medio, ni una opción alternativa, y Lukas… terminó justo frente a ella.

Diagonal, demasiado cerca para ignorarlo, demasiado lejos para fingir que no existía.

Se sentó, acomodándose con cierta rigidez, como si no supiera muy bien qué hacer con las manos, con la mirada, con la situación completa.

Olga, por su parte, fingió revisar algo en su abrigo. Totalmente innecesario. Totalmente evidente.

Y entonces… levantó la mirada un segundo nada más, pero fue suficiente, porque Lukas también la estaba mirando.

Y el momento… se sostuvo, un poquito más de lo normal, hasta que ambos desviaron la vista al mismo tiempo demasiado rápido, demasiado obvio. Desde un par de asientos más adelante... Sofía lo vio y Ana también.

Y las dos… compartieron una mirada, de esas que no necesitan palabras, de esas que dicen absolutamente todo.

Una sonrisa apareció en los labios de Sofía, suave, apenas contenida. Ana, en cambio, fue un poco más descarada, inclinándose apenas hacia ella.

—Mira eso…— susurró, divertida.

Sofía bajó la mirada un segundo, intentando disimular la risa.

—Cállate…

—¿Qué?— respondió Ana, inocente, pero con ese brillo travieso en los ojos. —Si yo no he dicho nada…

Volvieron a mirar y ahí estaban.

Olga, mirando hacia la ventana como si el paisaje nocturno fuera lo más interesante del mundo.

Lukas, acomodándose otra vez en su asiento, carraspeando ligeramente, como si eso fuera a borrar lo que acababa de pasar.

Sofía negó suavemente con la cabeza, pero la sonrisa no se le fue.

Porque incluso en medio del caos… Incluso con Krasnova respirándoles en la nuca… La vida seguía encontrando formas de colarse, de incomodar, de hacer cosquillas donde no debía.

El jet finalmente se cerró, las puertas selladas y aseguradas, los motores ya preparándose una vez más, y Viktor, desde la cabina, echó una última mirada hacia atrás.

Todos estaban ahí, todos, su familia, su razón, su punto débil… y su mayor fuerza. Apretó los controles con firmeza.

—Nos vamos a casa— murmuró, más para sí mismo que para los demás.

Y esta vez… no había margen de error, van a volver, a Moscú, a su tierra natal, a aquella mansión, y... adonde sabe que aquella bruja sigue viva y merodeando.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
capítulo anteriorcapítulo siguiente
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP