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Capítulo 224: No hay vuelta atrás, Elena con un bebé en camino.

El descenso fue rápido, más de lo que cualquiera habría querido admitir. El jet atravesó las nubes con una suavidad engañosa, como si el mundo allá afuera no estuviera cargado de todo lo que habían dejado atrás… y de todo lo que aún los esperaba. Moscú apareció bajo ellos, extendida, fría, imponente, pero familiar. Hogar. Esa palabra que sonaba tan simple y que, sin embargo, ahora tenía un peso distinto.

Viktor no soltó los controles hasta el último segundo. Su mirada fija, concentrada, el cuerpo aún tenso por todo lo anterior, pero con un objetivo claro: aterrizar bien, aterrizar ya.

Y lo hizo.

El jet tocó tierra con firmeza, levantando una ligera nube de nieve en la pista privada de la mansión. El rugido de los motores fue apagándose poco a poco, dejando un silencio que no era del todo tranquilo… pero sí definitivo.

Habían llegado.

—Ya estamos— murmuró Dimitri, más para sí que para los demás, soltando el cinturón con un suspiro largo.

Dentro, el ambiente cambió casi de inmediato. Ese impulso de moverse, de salir, de tocar tierra firme. Puertas que se abren, pasos que se apuran, manos que ayudan.

Sofía fue de las primeras en levantarse, sosteniendo su vientre con una mano, mientras con la otra se apoyaba en el asiento. Ana ya estaba de pie también, acomodando a la pequeña Sofía en sus brazos. Irina hizo lo mismo con Nikolai, mientras Alexei se aferraba a Dragón Gris como si fuera parte de él.

—Ya llegamos, ya llegamos— repetía Misha emocionado, saltando apenas en su lugar.

Carl soltó una risa corta al escucharlo, cansado pero con el corazón latiendo más fuerte ahora que estaban de vuelta.

—Sí, campeón… ya estamos en casa…

Elena no respondió. Porque en ese momento… estaba concentrada en algo más, había logrado aguantar en todo el vuelo, cada segundo, cada contracción cada respiración contenida.

Pero ahora… ahora que su cuerpo sentía tierra firme… ahora que ya no estaba obligándose a resistir con la misma tensión… algo cambió.

Bajó del asiento con cuidado, sosteniéndose del respaldo, sintiendo ese peso distinto, más bajo, más presente.

“Un poco más…”

Se dijo así misma internamente, solo tenía que bajar del jet, solo eso, dando un paso con cuidado, luego otro.

Y cuando llegó a la puerta del jet, el aire frío de Moscú le golpeó el rostro, despejándola un segundo, dándole ese falso respiro que necesitaba.

Viktor ya estaba abajo, organizando todo con rapidez, indicando a los guardias, abriendo espacio.

—Con cuidado— dijo, extendiendo una mano para ayudar a bajar a Sofía.

Uno a uno fueron descendiendo, Ana, Irina, los niños, Carl, que se quedó un momento esperando a Elena.

—Ven, amor— dijo, extendiendo la mano.

Elena la tomó y bajó el primer escalón con cuidado, luego el segundo y entonces...

Se detuvo un segundo, apenas un gesto mínimo, pero fue suficiente.

—Carl…— murmuró, apenas audible.

Él frunció el ceño de inmediato. —¿Qué pasa?

Y no hizo falta que ella respondiera, porque lo siguiente fue claro un leve sonido, un pequeño… derrame, y luego… el calor, el vestido húmedo en aquella zona.

La realidad cayendo de golpe... la fuente se ha roto.

—…no— susurró ella, abriendo los ojos con sorpresa, con miedo… con todo.

Carl la miró, luego bajó la vista, y el mundo se le vino encima.

—¡JODER!— explotó, sujetándola de inmediato. —¡Elena!

Todo pasó en segundos. Misha abrió los ojos como platos.

—¡YA VIENE!— gritó, emocionado, señalando como si fuera el mayor descubrimiento del mundo. —¡YA VIENE MI HERMANITO!

Alexei, a su lado, se tensó primero, asustado por el tono… pero luego miró a Misha y algo en su expresión cambió.

—¿De verdad?…— preguntó, con esa mezcla de nervios y emoción.

—¡Sí!— insistió Misha, saltando. —¡Ya viene!

Doña María no necesitó más.

—¡Ay, Dios Santísimo!— exclamó, llevándose las manos a la cabeza antes de reaccionar de inmediato. —¡Rápido, rápido, no la dejen ahí parada!

Ana ya estaba moviéndose incluso antes de que terminaran de hablar, su expresión cambió por completo, profesional, enfocada y directa.

—Carl, sostenla bien— ordenó, acercándose rápidamente a Elena, evaluando en segundos. —¿Cuánto tiempo llevas con contracciones?

Elena respiraba con dificultad.

—Desde… el jet…— logró decir, apretando la mano de Carl.

Ana asintió, rápida.

—Bien, no hay tiempo que perder.

Viktor ya estaba sacando las llaves del auto sin pensarlo dos veces.

—Tomen el mío— dijo, señalando el vehículo estacionado más cerca. —Es el más rápido.

Dimitri ya se estaba moviendo hacia el volante.

—Yo manejo.

—Nos vamos a mi clínica privada— añadió Ana sin perder tiempo. —Está preparada, tenemos todo ahí.

Carl prácticamente cargó a Elena, sin importarle nada más.

—Aguanta, amor… aguanta… ya estamos… ya estamos…

Elena se aferró a él, respirando entrecortado, sintiendo cómo ya no había forma de detenerlo.

—Carl…— susurró, con miedo. —Tengo miedo…

Él negó de inmediato, besándole la frente.

—No, no… mírame… todo va a estar bien, ¿sí? estoy contigo… no te voy a soltar…

Misha intentó correr detrás de ellos.

—¡Yo también voy!

Carl se giró un segundo, con el rostro completamente serio.

—No, campeón— dijo, firme pero suave. —Todavía no… tú te quedas aquí… te voy a avisar, ¿sí? te lo prometo.

Misha hizo un puchero inmediato. —Pero yo quiero ver a mi hermanito…

Carl sonrió apenas, a pesar del caos.

—Y lo vas a ver… pero cuando ya esté listo para conocerte.

Ana ya estaba abriendo la puerta del auto.

—¡Rápido!

Dimitri encendió el motor sin perder un segundo más.

Carl acomodó a Elena en el asiento trasero, subiéndose con ella, sosteniéndola, sin soltarla ni un instante.

Ana entró a su lado.

—Respira conmigo— le dijo de inmediato a Elena. —Inhala… exhala… así, eso es…

La puerta se cerró y el motor rugió, en cuestión de segundos… salieron disparados dejando atrás la mansión, la nieve, el resto de la familia conmocionada.

Sofía, que se había quedado atónita en cuestión de segundos sin decir ni mu, todavía parecía que intentaba procesar lo que acababa de suceder. Voltea viendo las caras de los demás, de Irina y Olga, que se lo veían venir pero tampoco de repente, de Doña María, su madre, que aún veía por donde el vehículo había desaparecido, y Viktor con las manos en las caderas como pensando "qué acaba de pasar" todos se quedaron biendo las caras.

—Bueno...— dijo Viktor rompiendo el silencio. —Esperemos que todo salga bien, ahora, los que quedamos, pongámonos seguros y llevemos las maletas adentro.

Todos comprende y sin más, las mujeres entran a la mansión con los niños, la pequeña Sofía durmiendo en brazos de Irina y Olga con Nikolai, los niños se fueron a jugar con Dragón gris en la habitación, Doña María y Sofía se adentran en la cocina, y por último Viktor queda con Lukas organizando las maletas.

—Increíble...— murmura Sofía a su madre. —Todo esto... quiero decir, espero que no haya sido por estrés, por todo lo que ha pasado...

Doña María niega. —Qué va, mi niña, ya era hora, ese vientre estaba que le explotaba, su cuerpo se relajó cuando el peligro desapareció, cuando volvió a ver a Carl vivo, la tensión perdida hizo que ya pudiera relajar, que ya podía soltarse, así que quizá por eso fue que ya estaba en camino.

Sofía asiente levemente comprendiendo. —Tienes razón, mamá... y supongo que yo también estaré cerca entonces, quizá en estos días mi bebé también quiera conocer el mundo.

Sonríe levemente, pero esa sonrisa se le desvanece, al recordar el peligro, a Krasnova, sus palabras, el futuro, y duda mucho de ello, su madre la nota y se acerca acunando su rostro.

—Mi niña... Viktor está con nosotros, está aquí contigo, y él, sabes muy bien que él no va a dejar que nada malo te pase, confía, mi reina, mi nieta va a nacer y va a ser tan hermosa y fuerte como tú.

Doña María le da un beso en la frente, algo que Sofía agradece con una pequeña sonrisa.

—Gracias, mamá, yo también deseo ver a mi bebé... pero por ahora, esperemos que todo salga bien con Elena.

Doña María se aparta con cuidado. —¡Ah, sí!— dice con entusiasmo. —¡Un bebé viene en camino, debería preparar unas ricas sopas trifásicas para todos!— y sin más, se fue a la cocina silvando alegremente una canción.

La sonrisa de Sofía es cálida al ver a su madre tan entusiasta y alegre, y por ahora es mejor pensar así, los problemas de aquella señora amenazante quedan disipadas por un momento. Porque lo que importaba ahora era la salud de Elena y el bebé, y de toda la familia unida, y ella por supuesto, no iba a quedarse de brazos cruzados.

—Más tarde llamaré a Carl para ver cómo va todo.— Murmura para sí misma, acercándose a la puerta y sonreírle a su hombre que se acerca con las maletas a la entrada de la casa, y Viktor, no duda en devolverle la misma sonrisa cálida y amorosa.

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