Inicio / Mafia / COMPRADA POR EL JEFE DE LA MAFIA / Capítulo 201: Necesitaba ser convencida.
Capítulo 201: Necesitaba ser convencida.

El cristal frío de la ventana frente a ella reflejaba una versión suya que no reconocía del todo. Los ojos hinchados, la respiración irregular, la mano aún posada sobre su vientre como si intentara proteger algo más que a su hijo… como si intentara proteger la poca calma que le quedaba.

Apretó los labios, ahora lo sabía de antemano, y ese “saber” pesaba más que el silencio anterior, más que la mentira, porque antes podía imaginar y ahora el miedo era completamente real.

—¿En qué estaban pensando…?— susurró para sí misma, con la voz quebrada.

Cerró los ojos un segundo como si buscara más respuestas. La imagen de Carl apareció en su mente con una claridad dolorosa. Su forma de hablarle, de mirarla… de evitar ciertas preguntas en los últimos días, todo encajaba y demasiado bien.

—Idiota…— murmuró, pero no había odio en su voz… solo dolor.

Su mano se deslizó lentamente sobre su vientre, en un gesto casi automático, el de siempre para olvidar la preocupación y con algo de suerte, su miedo.

—Tranquilo pequeño…— susurró, como si el bebé pudiera escucharla. —Todo va a estar bien… tiene que estarlo…

Pero ni ella misma se creyó esas palabras.

Mientras tanto, en el pasillo… Ana se detuvo frente a la puerta de Sofía. No tocó de inmediato y su mano quedó suspendida en el aire, temblando ligeramente. El silencio del otro lado la inquietaba más que cualquier llanto.

—Por favor… que esté dormida…— susurró para sí misma.

Pero claro, soñar no cuesta nada, claro que estaba despierta, con los ojos pelados, mirando el techo con una mirada casi vacía que le faltaba algo.

—¿Ana…?— la voz de Sofía se escuchó desde dentro, suave, pero alerta. —¿Eres tú?

Ana cerró los ojos un segundo casi antes de responder.

—Sí… soy yo…

—Pasa,— dijo ella.

Ana asintió y abrió la puerta lentamente.

La habitación estaba tenuemente iluminada por una lámpara cálida. Sofía estaba sentada en la cama, con la espalda recargada contra el cabecero y una mano sobre su vientre lleno.

Sus ojos… no estaban tranquilos y eso fue lo primero que Ana notó.

—No podías dormir, ¿verdad?— preguntó Ana con suavidad, intentando mantener la normalidad.

Sofía soltó una pequeña risa sin humor, casi amarga.

—¿Tú sí?

Ana no respondió, demoró para hacerlo, por ahí lo sintió, ahí estaba esa tensión invisible que casi era difícil no poder ignorarse, ella avanzó un poco más dentro de la habitación.

—Son… los nervios del viaje, supongo… y de que… pues, a Viktor y los demás se fueron a resolver el problema de RUBCOL.— intentó.

Sofía ladeó la cabeza, observándola con demasiada atención.

—No me mientas.

La frase cayó suave… pero pesada, más de lo que Ana podría admitir, y sintió un nudo en la garganta, sintiéndose que estaba entre la espada y la pared, ahora más que nunca necesitaba verse más convincente para Sofía.

—No lo hago…— Dijo Ana en voz en voz baja y serena, tratando de calmarse tanto a Sofía como así misma.

—Sí lo haces,— soltó Sofía de golpe antes de bajar la mirada un segundo, acariciando distraídamente su vientre.

—Viktor no me responde como antes…— murmuró. —Sus mensajes son cortos, fríos… como si estuviera… ocupado en algo más, y no me parece justo, al menos dejarme un mensaje en el celular, o que me devuelva la llamada así sea, una llamada de un segundo, pero… pareciera como si se hubiera olvidado de mí.

Ana no respondió, le dolió en el corazón haber escuchado eso, no podía responder… no podía.

—Y tú…— continuó Sofía, levantando la mirada nuevamente. —Tú estás nerviosa. Se te nota en la forma en que respiras, en cómo evitas mirarme mucho tiempo…

Ana tragó saliva, pero Sofía no lo vio.

Maldita sea… Sofía siempre había sido perceptiva, como siempre, descubre todo de golpe, no se le escapa ni una, Ana debe ser fuerte, debe contraatacar, aunque le cueste todo, todo por su bien, por el bien de Sofía, por el bien de todos.

—Solo estoy cansada…— murmura en voz baja.

—Ana,— su voz casi salió como reprimenda, pero suave, como siempre sabe controlarse, pero claramente suena firme contra las paredes.

—Estoy embarazada, no ciega.

Hubo un silencio pesado e incómodo, y bastante peligroso, Ana sintió cómo su corazón comenzaba a latir más rápido, y ahí estaba el límite, ese punto exacto donde una palabra mal dicha podía destruir todo.

—Sofía…— empezó, acercándose un poco más y con cuidado. —No hay nada de qué preocuparse…

Sofía la miró fijamente en silencio por un momento.

—Entonces mírame a los ojos y dime que Viktor está bien.

Ana lo hizo, claro que sí, y se esforzó por mantener la mirada fija en la penetrante y vacía de Sofía, y ahí estuvo el verdadero problema, porque podía inventar cualquier mentira con palabras, pero no con la mirada y Sofía lo notó, por supuesto que se dio cuenta. Su expresión cambió apenas… lo suficiente.

—…No está bien, ¿cierto?

La voz le tembló.

Ana sintió el golpe directo en el pecho, pero se esfuerza para sonar convincente y menos preocupante.

—Está bien.— respondió rápido, casi demasiado rápido.

Sofía cerró los ojos un segundo, y eso fue lo suficiente como para confirmar lo que lleva cargando internamente, y su respiración se volvió un poco más pesada.

—Hay algo que no me están diciendo…

Ana dio un paso más, acercándose con cuidado.

—Escúchame…

—No.— Sofía negó suavemente. —Tú escúchame a mí…

Abrió los ojos, ahora brillosos por las lágrimas contenidas.

—No me importa lo que sea… pero no me dejen afuera… por favor. Soy su esposa, Ana…— continuó, con la voz quebrándose. —Si algo le pasa… si hay peligro… tengo derecho a saberlo.

Ana sintió cómo todo se rompía por dentro, porque en el fondo, sabía que Sofía tenía razón, pero también sabía que no podía decirle. Justo cuando estaba apunto de quedarse sin ideas, Elena abrió tímidamente la puerta.

—Hola…— ella murmura con suavidad casi con las manos heladas por los nervios. —Espero no haber interrumpido nada…

Ana siente alivio de que Elena haya reaccionado rápido y con inteligencia.

—Ah, Elena, no, no, está bien, solo estábamos… hablando.

Ella le hace una seña con los ojos, mirándola fijo, lanzando una señal de auxilio, un entendimiento tácito se forma cuando Elena la mira y comprendió de inmediato, ella sonríe y se les acerca ambas, sentándose cerca de Sofía.

—Perdón, de verdad, es que… bueno, me sentía algo aburrida y no tenía mas nada qué hacer, no quiero hacer nada, pero tampoco quiero descansar del todo, quería saber qué planes tenían para hacer algo, no sé, así sea dar un paseo por algún parque, o jugar con los niños…

Elena mira a Ana como si estuviera buscando reconocimiento por haber dado la idea y de haber interrumpido justo cuando más lo necesitaba, sin que Sofía pudiera verla, Ana cierra los ojos aliviada y asiente despertando interés.

—La verdad es que no estaría mal esa idea. —señala a Elena. —Salir a un parque no estaría mal, o quizá ir de compras, o hacernos un spa de uñas…

Antes de que Sofía pudiera abrir la boca para protestar, Elena interrumpió sin querer, pero casi parecido a la intención.

—Ah sí, tengo rato que no voy a hacerme manicura, de hecho, había pasado demasiado tiempo desde que tuve a Misha, porque sin querer una vez lo rasguñé, era de las que se hacía las uñas largas y puntiagudas, pero esa moda ya pasó para mí.

Sofía escucha en silencio, y aunque se sentía excluida al ser interrumpida dos veces, no puede evitar sonreír ante la emoción de Elena y las anécdotas que cuenta. Cuando Ana nota la expresión de Sofía, piensa que tal vez eso era lo que ella necesita para despejar las mentes.

—Sí, sí, incluso, quizá sea bueno ir todas, hasta tu madre, Sofía, Doña María, de vez en cuando merece más que solo vernos las caras, de que un momento de relajación haría bien, quizá la haga sentir feliz un rato, seguro daría todo por sentirse rejuvenecida.

A Sofía se le enciende la chispa, claro, había pasado años desde que mamá se había venido a mudar con ella después de que todo lo que había pasado y casado con Viktor, y desde el día de su matrimonio realmente se está dando cuenta de que no le ha dado un buen regalo a ella, y no tenía nada que ver con regalos de cumpleaños, sino que nunca le había dado un detalle como hija a su madre, y esto despierta algo en ella, olvidando por completo el dolor de antes y despertando esas nuevas ganas de realizar algo por mamá.

—Yo… quiero, quiero hacerlo. —murmura Sofía en voz baja, pero con absolución. —Nunca le había hecho un gran regalo a mamá, el último cumpleaños, fueron los muchachos quienes le dieron flores grandes y dulces, pero yo… no le había dado nada de nada, ahora lo veo, y quiero hacerle algo.

Elena y Ana se miran mutuamente y entre entendimiento y confirmación, toman una decisión.

—Está tomada.— Dice Elena levantándose con cuidado. —Planeemos una salida de chicas, y vamos con Doña María con la cabeza al mando. Sofía que deberías decirle a tu mamá que debemos hacer esa salida, que, si quiere, porque tal vez de tanta rutina, una desviación mientras no están los hombres sería agradable.

Elena traga saliva, esperando a que mantenga la sonrisa y también parecer convincente.

—Además, sé que siempre estamos extrañando a nuestros amores, pero, y si esta vez nos tomamos un día, un solo día para ser libres de eso… tal vez si pensamos mucho que ellos están a miles de kilómetros, mejor pensemos en como ponernos bonitas para que cuando regresen sean recibidos por unas esposas arregladas, también podríamos comprarles regalos, un detalle para los hombres que siempre han dado todo por nosotras.

Y las palabras de Elena fueron suficientes para despertar el verdadero ánimo de Sofía, era cierto, por supuesto, Viktor le había dado todo, una casa, amor, hijos, protección, pero ella nunca se había detenido a darle algo, claro, fuera del lado físico íntimo que tanto extraña… Oh… y ahí, justo en ese pensamiento se le ocurre, sí… ya sabe qué piensa darle, algo de lo que él va a disfrutar, ahora tiene todo pensado en un par de segundos.

—Vamos.— Dijo ya con emoción, con ganas, y olvidando por completo la preocupación. —Ana avísale a mamá que vamos a salir, vamos a ir de compras, una salida solo para chicas, sin hombres, y después comprar ropita para bebés y un regalo para ellos, sí, hagámoslo, quiero hacerlo.

Ana sonríe, Elena se emociona con un ligero chillido alegre, algo que Sofía imitó por inercia. Las tres se levantaron de la cama y se apresuraron como pudieron, Ana salió de inmediato para avisarle con emoción a Doña María, mientras que Elena se fue a la habitación de Irina y Olga para decirles que van a salir y de que se alisten que, a pesar de ser las sirvientas de Sofía, también eran parte de la familia y son invitadas, luego fue a la habitación de los niños a vestirlos, era obvio, nadie se iba a quedar en casa, todos iban a ir juntos. Le dice a su hijo Misha que se cambie y le ayude a Alexei a vestirse y también al pequeño Nikolai, mientras que ella toma en brazos a la pequeña Sofía que recién se había despertado y se la lleva para cambiarla en otra habitación.

Mientras tanto, Sofía se va desvistiendo y viendo qué ropa ponerse, pero a pesar de sentir esa emoción de dar regalos, obviamente no puede sentir inquietud de lo que estaba pasando, que si por lo menos pudiera escuchar la voz de Viktor y saber que está bien…

Pero justo en ese momento, como si lo hubiera invocado, su teléfono suena de repente, y al ver el nombre, claro que era su esposo, su amado, ella no duda y en menos de medio tono ella contesta de inmediato.

—¿Viktor?...— ella murmura casi con voz temblorosa.

—Hola, amor, mi reina hermosa,— respondió Viktor con voz suave. —Sé que te he dado qué pensar, que he estado distante desde que me fui con los chicos, pero, hay algo que debo decirte, y es que ya te extraño mucho, más de lo que debería, estoy con el tema de RUBCOL, estamos en proceso…— miente suavemente. —Y ya ha pasado casi dos días, pero no sentirte, no tenerte cerca, me mata por dentro y tampoco puedo aguantar sintiéndome solo así sin ti, espero que puedas perdonarme por lo que estoy haciendo.

Sofía siente que el nudo en la garganta se hace más grande y le toca tragar saliva, cuando habla, su voz sale casi temblorosa y entrecortada.

—Mi amor… mi Viktor, yo también te extraño como no tienes idea… creí… creí que me estabas traicionando o algo así, de que encontraste a alguien mejor que yo y Carl y Dimitri te lo estaban ocultando, que el tema de RUBCOL solo era una fachada, o que te metiste en problemas de nuevo.

Viktor casi estaba a punto de llorar al escuchar la voz de Sofía, pero cuando ella suelta todas esas palabras que para él son disparates, no puede evitar reírse un poco aunque ella no pueda verlo.

—Mi reina… ¿De dónde sacas tantos pensamientos de esa linda cabecita tuya, ¿eh?

Él sacude la cabeza con vehemencia y una sonrisa. —No, amor, no estoy haciendo nada de eso, y nunca te haría algo así, solo te amo a ti, así que no pienses que voy a estar con otra mujer cuando a la que estoy extrañando en estos momentos es a ti, así que no pienses más en eso ¿Okay? Piensa en el bebé, no quiero que te estreses, no quiero que te sientas mal, solo quiero terminar el trabajo de RUBCOL para volver contigo, con Alexei, Nikolai y la bebé en tu pancita.

Sofía ahoga un sollozo, sintiendo mucho más que solo alivio, sentía un amor incondicional y solo necesitaba escuchar la voz de Viktor, esas palabras fueron suficientes como para hacer latir su corazón de nuevo, para que vibre y el color le regrese al rostro. —Amor… Oh, mi amor, si supieras cuanto te extraño, de verdad que necesitaba escucharte, d-de verdad…

Viktor escucha la voz llorosa de su mujer y siente que sus propios ojos se le ponen brillantes, aunque ella no pueda verlo. Aguantó las ganas de llorar y la vulnerabilidad en ese momento.

—Sí, mi amor, y perdóname por no haberte contactado antes, pero era porque las vueltas se nos habían complicado un poco, pero pronto volveré a estar a tu lado, así que solo debes esperarme, ¿De acuerdo? Te amo, ¿Sí? Te volveré a marcar más tarde, por ahora, solo quiero que te cuides y no te estreses, tampoco quiero que pienses en cosas que te podrían preocupar, voy a estar bien y regresaré lo antes posible. Te amo mi reina.

Y así, Viktor se despidió de Sofía, mientras tanto ella, se deja caer suavemente en el borde de la cama, soltando un suspiro que había aguantado durante demasiado tiempo, quizá desde que empezó la mañana, pero gracias a la voz convincente de Viktor, ella puede sentir alivio ahora, alivio de que no la está engañando, alivio de que no se haya metido en problemas, al parecer todo se está tratando del la construcción del nuevo colegio y quizá las fundaciones de Carl, así que ahora sí puede tomarse ese respiro con más soltura, con su mamá, las chicas, y los niños.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP