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Capítulo 216: Huellas en la nieve.

El calor dentro de la cabaña contrastaba demasiado con lo que había allá afuera, pero aun así, la mente de Viktor no se permitía descansar ni un solo segundo. Estaba de pie junto a Sofía, todavía sintiendo el peso de su cercanía, el alivio de tenerla viva, el eco de sus palabras… pero algo más le atravesó la cabeza como un disparo tardío.

Los guardias, entonces recordó, du expresión cambió apenas, fue sutil, pero suficiente.

—Los de afuera…— murmuró, más para sí mismo que para alguien más, y en ese instante levantó la mirada hacia Dimitri.

No hizo falta más. Dimitri entendió de inmediato.

—Mierda…— soltó, pasándose una mano por el rostro.

Carl, que apenas estaba logrando mantenerse consciente mientras Elena le limpiaba la herida, alzó la mirada con dificultad.

—¿Qué pasa ahora…?— preguntó, con la voz cansada, arrastrada.

Viktor ya se estaba moviendo.

—Siguen allá afuera— dijo, directo. —Los encontramos… pero no los trajimos todos.

Eso fue suficiente para que el ambiente volviera a tensarse.

Elena frunció el ceño.

—¿Cómo que no los trajeron todos?

—Porque no sabíamos si…— Dimitri se quedó a medias, pero no hacía falta terminar la frase.

Si estaban muertos. Si era una trampa. Si había algo peor.

Carl soltó un suspiro pesado, apoyando la cabeza hacia atrás un segundo.

—Joder…— murmuró. —Denme… denme un segundo…

Intentó incorporarse.

Elena lo detuvo de inmediato, presionándolo ligeramente por el pecho.

—Ni se te ocurra— dijo firme. —No vas a salir así.

—No puedo quedarme aquí mientras ellos están allá tirados— respondió él, apretando los dientes.

—Y tampoco puedes desangrarte por orgullo— replicó ella sin titubear.

El intercambio duró apenas unos segundos, pero Viktor ya había tomado una decisión.

—Carl se queda— dijo con autoridad, sin alzar la voz, pero sin dejar espacio a discusión. —No estás en condiciones.

Carl abrió la boca para protestar… pero no lo hizo.

Porque en el fondo sabía que era cierto. Y eso le molestaba más que cualquier herida.

—Voy con ustedes— intervino una voz desde un lado.

Todos giraron, y ahí lo vieron, era el guardia joven.

Aún algo pálido, todavía recuperándose, pero de pie. Firme.

—Sé dónde están los demás— añadió, con seguridad. —Y puedo ayudar a cargarlos.

Viktor lo observó un segundo.

Evaluando, midiendo, y luego asintió.

—Bien. Vamos.

Dimitri ya estaba listo, revisando su arma por puro reflejo antes de guardarla nuevamente. No esperaron más.

El frío volvió a golpearlos en cuanto cruzaron la puerta.

La nieve crujió bajo sus pasos, el aire helado entrando en los pulmones como agujas, pero nadie se detuvo. La luna seguía iluminando el claro, dando esa sensación extraña de calma que no coincidía en absoluto con lo que había pasado.

—Por aquí— indicó el guardia joven, avanzando primero.

Su paso era más firme de lo que cualquiera habría esperado considerando su estado hacía apenas minutos.

—¿Recuerdas todo?— preguntó Dimitri mientras caminaban.

El guardia asintió. —Sí… más o menos.

Viktor no dijo nada pero estaba escuchando, atento, muy atento a cualquier detalle, llegaron al primer cuerpo, el mismo que Carl había encontrado.

Sigue inconsciente, pero respirando constantemente, vivo.

—Ayúdame— dijo Viktor, inclinándose para levantarlo.

El guardia se acercó de inmediato, tomando el otro lado sin dudar. Dimitri hizo lo mismo con otro que estaba a unos metros, y así comenzaron a moverse, cargando uno por uno, arrastrando lo que no podían levantar del todo, avanzando con esfuerzo entre la nieve.

El silencio duró un rato.

Hasta que el guardia habló.

—No fue un ataque normal…— empezó, con el ceño fruncido, como si estuviera reconstruyendo todo en su cabeza.

Viktor no giró, pero su atención se afiló.

—Explícate.

—No vimos a nadie acercarse…— continuó. —Ni pasos, ni sombras, ni movimiento… nada. Solo… de repente…

Dudó. —Un olor.

Dimitri frunció el ceño. —¿Un olor?

—Sí…— asintió. —Fuerte… pero no desagradable… era… extraño… como perfume… pero más denso… más pesado… nunca había olido algo así.

Viktor intercambió una mirada rápida con Dimitri.

—Sigue.

—Al principio no le di importancia…— dijo el guardia. —Pensé que venía del bosque o de alguien que pasaba cerca… pero… empezó a marearme… a todos…

Se detuvo un segundo, ajustando el peso del hombre que llevaba.

—Y luego… ya no recuerdo nada más.

El silencio volvió a caer.

Pero esta vez… con más peso.

—Somnífero— murmuró Dimitri.

—Eso mismo dijo una de las chicas…— añadió el guardia de inmediato.

Viktor giró apenas la cabeza.

—¿Quién?

—Olga— respondió sin dudar. —Ella fue la primera en decirlo… que podía ser algo en el aire, algo momentáneo, algo que actuaba rápido…

Hizo una pequeña pausa, como si estuviera recordando cada detalle.

—También dijo que tal vez algunos no lo respiraron igual… o que… no sé… que dependía de cómo se inhalara…

Dimitri soltó una risa baja.

—Tiene lógica.

—Sí— asintió el guardia. —De hecho… fue muy lógica…

Y siguió hablando.

—Ella fue la que empezó a conectar todo… la que dijo que no era un ataque directo… que era más… estratégico…

Viktor lo miró de reojo. —La mencionas bastante.

El guardia se quedó en silencio un segundo.

—Bueno… es que…— carraspeó un poco, incómodo. —Solo… estoy diciendo lo que pasó.

Dimitri arqueó una ceja, divertido.

—Ajá.

Siguieron caminando, pero el ambiente había cambiado apenas, lo suficiente.

—También fue ella la que…— empezó el guardia otra vez, sin darse cuenta de que se estaba hundiendo más solo.

—¿Te gusta o qué?— soltó Viktor de repente, sin filtro, mirándolo directamente.

El silencio que siguió fue glorioso, el guardia casi se tropieza.

Literal.

—¿Qué? ¡No!— respondió de inmediato, demasiado rápido, demasiado evidente.

Dimitri soltó una carcajada.

—Uy…

—No, yo solo…— intentó defenderse el guardia, visiblemente incómodo. —Solo le estoy dando el crédito, eso es todo…

—Claro— dijo Viktor, sin cambiar el tono. —El crédito.

El guardia apretó la mandíbula.

—Sí.

—Ajá.

—Sí.

Dimitri negó con la cabeza, divertido mientras ajustaba el peso del hombre que llevaba.

—Hermano… estás peor que los golpes.

—No estoy peor— murmuró el guardia, más bajo ahora.

Pero el leve rubor en su rostro decía otra cosa.

Viktor no insistió más.

Pero la pequeña curva en la esquina de su boca… no pasó desapercibida.

Siguieron recogiendo a los demás, uno por uno, todos en el mismo estado, todos respirando, todos… dormidos.

Y con cada cuerpo que encontraban… la conclusión se hacía más clara. Krasnova no había venido a matar.

Había venido a demostrar control, poder, precisión e incluso, jugando con el tiempo y la ubicación.

Y eso…

era más peligroso que cualquier ataque directo.

Cuando finalmente regresaron a la cabaña, cargando al último de los hombres, el peso de lo que había pasado ya no era solo físico, sino mental, estratégico, personal...

Y mientras los hombres regresaban a la cabaña con los guardias dormidos, unos ojos afilados miraban desde lejos, ya estaba todo calculado, fríamente calculado, y ya están siendo cazados una vez más.

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