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Capítulo 200: El secreto que ya no pudo guardarse.

El piso franco en Moscú estaba en penumbra, solo iluminado por la luz fría de las tres pantallas de laptop y la lámpara de mesa que Viktor había encendido para leer mejor los mensajes. El aire se sentía denso, cargado de café viejo y de ese silencio que pesa cuando tres hombres saben que acaban de perder una pieza clave del plan.

Carl estaba de pie junto a la ventana, con el teléfono aún en la mano después de la llamada con Elena. Sus dedos temblaban ligeramente y se sentía devastado.

Dimitri se había dejado caer en la silla giratoria, con los codos apoyados en las rodillas y la cara entre las manos. Viktor seguía de pie frente a la pizarra, pero ya no miraba los círculos rojos ni las coordenadas tachadas. Miraba el vacío con una inquietud dentro de su pecho.

Carl fue el primero en romper el silencio, con la voz ronca y quebrada.

—Ahora Elena lo sabe… Misha se lo contó por accidente, lo del tema de haber encontrado la cabeza de paloma en la nevera, y el mensaje amenazante de Krasnova, ahora seguro creen que me fui por eso, y no les dije nada con la idea de “protegerla” y ahora la dejé llorando aterrorizada, y tiene razón por supuesto, fui un idiota… lo soy de la A a la Z, y la dejé sola en un lugar que ni ella misma conoce, que solo le dije que me venía a Moscú por el trabajo de RUBCOL, debe tener miedo, y Misha de seguro que más, incluso el bebé podría sentirlo.

Dimitri levantó la cabeza lentamente, sus ojos estaban rojos, no de llanto, sino de rabia contenida contra sí mismo, llenos de preocupación y angustia.

—No, es mi culpa total… Ano no pudo hacer nada para retenerla en ese instante, claro, le había dicho que distrajera a las chicas, que hablaran de cosas de bebés o de cualquier cosa que se le ocurriera, pero Misha se le adelantó al parecer, y ese niño vio demasiado y por supuesto que le dijo a Elena, es su madre después de todo, no pude preverlo, pero debí haberle dicho a Ana que fuera más atenta, estuviera más pendiente de Misha… debí haber hecho algo mejor.

Viktor levantó una mano, cortando el aire con un gesto seco.

—Basta. — Ladró, su voz resonó en todo el espacio incluso después del silencio.

Los dos se giraron para verlo, cuando Viktor se dio cuenta de que tenía la atención, él habló en voz baja pero firme sin gritar y sin culpa.

—No es culpa de nadie, ¿De acuerdo? Ni mía, ni de Carl ni tuya, Dimitri, y tampoco es de Ana, mucho menos de Ana, Nadie sabía que Misha tenía una idea, o que iba a contarle a Elena, pero tarde o temprano las cosas se revelan, y los niños no son tontos, ven más que un adulto incluso. No íbamos a poder mantener el secreto para siempre, los pequeños sienten todo, y las mujeres… claramente nos conocen de pies a cabeza, más que nosotros mismos.

Carl negó con la cabeza, con los ojos brillantes pero tratando de mantener la compostura y no demostrar demasiada vulnerabilidad frente a ellos, aunque le está costando cada gramo de autocontrol.

—Pero… ahora Elena se debe sentir sola con esto, con esa revelación, llorando sola, debe de estar angustiada con la mano en el vientre y llena de miedo, mientras tanto yo aquí como un tronco a miles de kilómetros y sin poder abrazarla o decirle que todo va a estar bien.

Viktor se acercó y le puso una mano en el hombro con firmeza para poder tranquilizarlo.

—Ella va a estar bien, porque vamos a culminar con este trabajo, pero por ahora tenemos que seguir guardando el secreto para los que todavía no lo saben, y Sofía aún no sabe nada, tampoco su madre, y Sofía es a la que más podría afectarle, el embarazo ya la tiene frágil, con los leves mareos y náuseas que la mantienen cansada y con miedo. Si ella se enterara de la existencia de Krasnova y que me quiere arruinar la vida, destruir esta familia… la bebé podría estar en peligro y ella podría derrumbarse al saberlo, y yo no puedo permitir eso, jamás.

Carl levantó la vista, con la voz ya temblorosa.

—Entonces… ¿Qué hacemos?

Viktor miró a Dimitri.

—Dimitri, llama a Ana ahora mismo, y dile que Elena se enteró del plan por Misha sin querer, que evite que la mujer de Carl le revele a Sofía todo, es capaz… y no puede revelarse más, que hable con ella para que guarde el secreto por ahora, porque si le dice, entonces nosotros tres estaremos completamente jodidos, y necesitamos todo el apoyo, necesito que Elena no le cuente nada a nadie así como Ana no contó nada, ahora más que nunca se necesita de tu mujer para que las demás estén calmadas y fuera de preocupaciones mientras que nosotros nos encargaremos de acabar con Krasnova.

Dimitri sacó el teléfono satelital y marcó el número de Ana, el timbre sonó una, luego dos, Ana contestó al tercero con voz baja y temblorosa.

—Dimitri… ¿Eres tú? ¿Cómo están? Dime que ya terminaron con el trabajo que tenían pendiente…

Dimitri habló suave, pero firme.

—Hola, amor. Sí, estamos bien, por ahora, aún no hemos terminado nada, nos tocó empezar de cero de nuevo, y nos atrasamos, regresamos a Moscú sin haber podido llegar a nuestro destino para acabar todo, seguimos en el piso franco, todo está bajo control…

Dimitri se toma un tiempo para controlar sus siguientes palabras.

—Necesito tu ayuda, Elena se enteró de todo, bueno… al parecer Misha le contó algo que le vio a Carl, así que ella lo llamó y él no tuvo otra opción más que contarle todo, así como yo te conté a ti, así que ahora ella está asustada y teme por todo, por Misha y el bebé.

Ana soltó un sollozo ahogado.

—Sí… lo sé, la escuché mientras subía por las escalera, la oí llorar y está destrozada, no sé en qué momento acercarme, me regresé a la sala y tengo miedo, no sé qué más decir Dimitri, no tengo ideas para contar, algún tema para distraer… y sé que ahora está sufriendo, que no está bien así como yo, y estoy segura de que Sofía también tendrá sus dudas y empezará a sospechar, ya me ha preguntado varias veces el por qué Viktor no regresa y por qué no le llama, que lo siente distante ni siquiera para responderle los mensajes, no puedo seguir mintiendo, ya no puedo.

Dimitri cerró los ojos un segundo, preparándose para lo que tenía que decir a continuación.

—Lo sé, amor, lo sé, y perdón por eso, pero tienes que resistir un poco más, Sofía no puede enterarse de esto, menos con ese embarazo que la tiene tan frágil, si ella se entera de que esa mujer quiere hacerle daño a la familia, va a desmoronarse y podría afectar tanto su salud como la de la bebé, y tú eres la doctora de la familia y comprendes lo que es sufrir con un estrés estando embarazada, por favor, trata de mantener a las dos calmadas y dile a Elena que por favor no le revele nada, absolutamente nada a Sofía, pro el bien de todos, cuenta conmigo y con los muchachos.

Ana respiró profundamente, la voz ya le tiembla, el mentón también, aunque Dimitri no pueda verla.

—De acuerdo, voy a hacerlo, pero por favor ya regresen pronto, no sé cuánto más pueda mentir, y ya te extraño, tengo miedo, porque no sé si vayas a estar vivo cuando cuelgue… sin saber si vas a volver o no…

Dimitri habló bajito, casi en una disculpa y súplica.

—Volveré mi amor, volveré, te lo prometo por nuestra hija y por ti, aguanta un poco más y entretenlas mientras tanto, que cuando regrese no te volveré a soltar nunca más.

Ana soltó un pequeño y triste suspiro que había aguantado.

—Vuelve entero. Por favor.

—Lo haré, mi amor, te amo.

Dimitri colgó y dejó el teléfono en la mesa, mirando a Viktor y a Carl.

—Bueno… asunto medio arreglado, Elena lo sabe y Ana tratará de hablar con ella para que no revele nada a Sofía, aunque no hay seguridad de que pueda retenerla por mucho tiempo, así que hay que actuar rápido y encontrar a la bruja, acabar con ella de una vez por todas antes de que el secreto termine de ser secreto.

Viktor asintió.

—Entonces aceleraremos el proceso de inmediato, antes de que salga el sol de mañana, iremos al lugar donde se encuentre Krasnova, y esta vez sí con un plan más elaborado, estratégico, los hombres de Dimitri y mis hombres para colaborar, y no entraremos a ciegas, ahora sabemos que esa anciana usa dobles, pero llegaremos con todo el armamento preparado.

—De acuerdo, ahora que Elena sabe y de seguro debe estar odiándome por no haberle dicho antes, voy a volver por ella de todos modos y decirle por qué no le conté, pedirle perdón si es necesario, y la abrazaré hasta que ya no pueda más.

Viktor puso una mano en su hombro.

—Volveremos. Los tres. Y cuando volvamos… no habrá más secretos. No habrá más miedo. Solo familia y paz.

Dimitri miró a los dos.

—Entonces mañana al amanecer acabaremos con todo este embrollo.

Los tres asintieron.

Y mientras la noche seguía su curso en Moscú, Ana en aquella cabaña estaba pensando velozmente en como hablar con Elena.

Ni siquiera se había dado cuenta de que Elena ya había cruzado la sala y se había sentado en la silla cerca a la ventana como si estuviera esperando a alguien que todavía no estaba preparado para regresar, cuando Ana la nota, siente un dolor agudo en el pecho que era casi insoportable, pues las lágrimas le rodaban por la mejilla y se acariciaba el vientre una y otra vez. Ella se acerca lentamente como si se tratara de un animal herido.

—Elena… ¿Todo bien?— murmura Ana con voz casi sin confianza en ella misma.

Elena levanta la mirada llorosa viendo a Ana.

—No… nada está bien… ¿Puedes creer que nuestros hombres se fueron a Moscú, no para solucionar lo de RUBCOL sino para…

Ana la interrumpe suavemente levantando una mano.

—shhh… Elena… lo sé, sé del plan…

Elena se sorprende, casi se le salen los ojos, se quedó sin aliento ante el jadeo que soltó y la mira con incredulidad e incluso con ligera desconfianza e indignación.

—Ana… tú… ¿ya sabías todo eso?

Ana suelta un suspiro casi tembloroso y asiente en silencio.

—Sí… lo sabía incluso antes que se hiciera el tema del viaje…

Elena jadeo más casi sacando todo el aire de los pulmones y se aprieta el vientre. Ana que la ve, rápidamente intenta tranquilizarla dándole un abrazo y acariciando su espalda mientras ella llora.

—Tranquila… tranquila, todo estará bien, perdóname por no decirte nada, perdóname por no haberlo revelado… pero tienes que saber algo muy importante.

Ana se inclina hacia atrás y le acuna el rostro con cariño limpiando las lágrimas.

—Escúchame. Sé que estás enojada ahora mismo con tu esposo, y lo entiendo, yo también me enojé cuando Dimitri me contó el plan, y él y los demás confiaron en mí para no decir nada, y la verdad es que había una gran razón para ello. Por el bienestar de ustedes, de Doña María y los niños, por la salud de los bebés en camino, sobre todo por la salud de Sofía, quien es la que lleva la carga más pesada, no solo por el embarazo, sino porque es ella quien tiene a un ex mafioso como esposo, y sabe que el pasado podría perseguirlo en cualquier momento.

Elena escucha atenta y silenciosamente, prestando atención al detalle de Ana, tiene razón por supuesto, Viktor tiene sus historias, su gente, ese pasado que puede atarlo sin más, y afectar a los que lo rodean, sobre todo a su familia más cercana, y eso puede comprenderlo.

—E-Es… es verdad, tienes razón, por supuesto…

Se la queda viendo un segundo más.

—¿Y qué es lo que quieres que haga al respecto?

Ana respira profundamente y toma las manos de Elena en las suyas para transmitir la emoción.

—Tienes que ayudarme, tienes que prometerme que no le dirás nada, absolutamente nada a Sofía ni a nadie más, y si sientes que Misha sigue preocupado, asustado, trata de calmarlo como la madre que eres para él, no podemos dejar que nadie más se entere, de que los niños y todos los que estamos aquí sientan peligro, tenemos guardias y cámaras aquí, sí, pero no es suficiente como para calmar las angustias, yo también estoy asustada, y tengo miedo de que mi Dimitri no vuelva, pero si sigo pensando negativamente, entonces nunca podré estar tranquila… ¿Puedo contar contigo?

Elena se queda viendo a Ana un segundo más antes de asentir con lentitud.

—Está bien, no le diré nada a nadie, y voy a decirle a Misha que papá está bien y que regresará pronto.

Ana abraza a Elena una última vez antes de separarse.

—Gracias, Elena. Contigo puedo sentirme más relajada, intenta distraer a Sofía, con comidas, o alguna charla, quizá alguna salida o pedir comida o algún antojo que sienta, yo también estaré ahí contigo, con los niños, voy a cuidarlos mientras nuestros hombres terminan el trabajo pesado.

Y con eso, Ana se levanta y se aleja para acercarse a la habitación de Sofía para ver como está, mientras, Elena se queda mirando por la ventana, ahora sabía del secreto, ahora está como Ana, lo sabe todo y también le toca guardarse todo, para no decir nada y para proteger a los que no saben, ahora más que nunca.

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