Mundo ficciónIniciar sesiónLa habitación de los niños en la cabaña de Catskills era un refugio pequeño y cálido: dos camas individuales con edredones gruesos de lana, una mesita baja llena de crayones, cuadernos y libros de texto enviados por la rectora, y una ventana grande que daba al bosque nevado. La luz de la tarde entraba pálida y fría, pero dentro todo era acogedor: olor a chocolate caliente que Doña María había traído antes, el ronroneo lejano de Dragón Gris durmiendo en la alfombra y el murmullo suave de los niños concentrados en sus tareas.
Alexei y Misha estaban sentados en el suelo, con las piernas cruzadas y los cuadernos abiertos frente a ellos. La rectora había enviado un paquete digital esa mañana: matemáticas básicas, lectura comprensiva y un dibujo libre con el tema “Mi familia en vacaciones”. Alexei ya había terminado su hoja de sumas y ahora coloreaba con cuidado un dragón rojo que “protegía a la hermanita que viene”. Misha, sin embargo, tenía el lápiz quieto en la mano, mirando fijamente la hoja en blanco. Al parecer había algo que le inquietaba, o eso pensó Alexei cuando levantó la vista y lo vio, a menos a que tenga bloqueo creativo según su inocencia. —¿Qué pasa, Misha? ¿No te sale la suma? Misha negó con la cabeza lentamente, luego miró hacia la puerta, asegurándose de que nadie estuviera cerca, y se inclinó hacia Alexei bajando mucho la voz. —No es la suma… es otra cosa. Pero tienes que prometerme que no le dirás a nadie. Ni a tu papá, ni a tu mamá, ni a la abuela. Ni siquiera a Nikolai. Prométemelo. Alexei abrió los ojos grandes, pero asintió con seriedad. —Prometido. Secreto de dragones.— murmuró. Misha respiró profundamente, como si le costara decirlo, buscando el valor. —Hay algo raro... Muy raro. Es la primera vez que mi papá hace algo así. Sacarme de la escuela de repente. Traerme a un país de la nada, de repente así sin más. Sigue mirando la hoja en blanco como si se concentrara en sus pensamientos para poder decir sus próximas palabras. —Decir que son vacaciones… pero no lo son del todo. Porque nos han mandado tareas desde que llegamos aquí. Y la escuela todavía no está de vacaciones. La maestra nunca nos manda tareas así cuando salimos. Es como si… como si nos hubieran sacado rápido. Como si tuviéramos que escondernos. Alexei frunció el ceño, confundido pero empezando a sentir un cosquilleo extraño en la barriga. —¿Escondernos? ¿De quién? Y además... ¿Por qué deberíamos escondernos? Yo no veo que haya pasado algo malo. Misha miró otra vez hacia la puerta, luego se acercó más. —De alguien malo, pienso yo. Porque… accidentalmente encontré algo en la basura de mi casa. Antes de que nos viniéramos. En el despacho de mi papá... Antes de poder continuar él cierra los ojos y los aprieta, como si quisiera recordar y olvidar al mismo tiempo lo que vio sin querer. —Estaba envuelto en una bolsa plástica. Era… era una cabeza de paloma cortada... y con un mensaje pegado con cinta. Decía cosas feas. Que saben quién es mi papá, que tiene un hijo que soy yo y también mencionan a mi mamá, hasta un bebé en camino. Que había que pagar algo, no tengo ni idea de a qué se refería con pagar... Alexei abrió los ojos de golpe, casi asustado. La mano se le quedó quieta sobre el crayón rojo. —¿Una cabeza de paloma? ¿De verdad verdad? ¿No me estás bromeando? Misha asintió, con los ojos muy abiertos. —Sí, la vi y olía raro, mi papá la guardó en el congelador y no sé por qué hizo eso si ya no respiraba la pobre palomita. Pero él no me vio, pero yo sí lo vi a él, y estaba pálido, después noté que habló por teléfono con alguien, y mencionó un nombre que ya ni me acuerdo como decía... también dijo algo como de no tocar a nadie. Pero… pero tengo miedo, Alexei. Porque si saben de mi papá… saben de mí y de mi hermanito que viene... saben de toda mi familia y creo que también saben de la tuya. Alexei sintió que el corazón le latía muy rápido. Miró hacia la puerta, luego a Misha. —¿Y si es mentira? ¿O si mi papá y el tuyo ya lo saben y por eso nos trajeron aquí? Misha negó con la cabeza aparentemente sin poder responder del todo, pues no sabe mucho del caso. —No sé pero es raro, muy raro todo, y no nos dicen nada. Solo dicen ‘vacaciones’. Pero las vacaciones no tienen tareas, ni miedo, ni cabezas de paloma en la basura... además, tu papá, mi papá y el señor Dimitri se fueron... Alexei tragó saliva hasta que sonó en su pequeña garganta. —¿Y qué hacemos? ¿Qué se supone que debemos hacer? No creo que sería buena idea pensar que estamos escondidos de alguien... Misha lo miró fijo. —Nada haremos todavía. Solo… vigilar y ser dragones guardianes como siempre. Pero si vemos algo raro… si oímos algo… si alguien extraño pasa por el jardín… lo diremos. Y se lo contamos a nuestros papás, o a mamá, para que estemos alertas. Alexei asintió, serio. —Juntos. Secreto de dragones. Los dos chocaron los puños bajito. Misha volvió a su hoja, pero no escribió nada. Solo dibujó un dragón azul con alas muy grandes, protegiendo un huevo rosa. Alexei hizo lo mismo: un dragón rojo con una espada, al lado del huevo. Y los dos se miraron, ya sabían que algo no estaba bien, pero también sabían que, mientras estuvieran juntos… nada iba a pasarles. Porque eran dragones guardianes. Y los dragones guardianes… no dejan que nadie toque a sus familias. Alexei se levantó del suelo y sale de la habitación para asomarse por las escaleras, solo por si acaso. Y ahí estaba mamá y sus amigas junto a la abuela, al parecer todo estaba en orden, sin embargo, dentro de la cabecita de este pequeño niño, ya sentía un gran peso en sus hombros como si debiera ser él quien lleve esos peligrosos pensamientos de estar escondidos porque los están persiguiendo. Con una pequeña mueca de decepción y preocupación a la vez, se da media vuelta y regresa con Misha y Nikolai que ya andaba durmiendo, y se sienta con su amigo a terminar las tareas. Misha, quién aún seguía perdido en sus pensamientos aunque estuviera dibujando, se preguntaba en estos momentos, dónde se encontraba su papá, en qué paradero estaba y por qué se tuvo que haber ido, por qué tuvo que abandonar a su familia, por qué a él y a mamá... era la primera vez que pasaban muchas cosas, y todo desde que se han involucrado con los Ivanov. Levanta la mirada hacia Alexei que estaba concentrado en su propia tarea, él se lo que da viendo, puede que se hayan convertido en buenos amigos, de que el pasado pisado hace ya un año desde su enemistad y pelea, pero había algo claro, la familia de Alexei no era cualquiera, así que pensaba no involucrarse mucho, pero tampoco alejarse del todo.






