Mundo ficciónIniciar sesiónEl ático estaba casi vacío, con ecos en las paredes donde antes colgaban fotos y cuadros, cajas cerradas apiladas en el pasillo y el sol de invierno entrando por los ventanales grandes por última vez. Sofía y Viktor se quedaron solos después de que el camión de mudanza se fuera con las últimas cosas, la puerta cerrada, silencio que pesaba dulce.
Sofía caminó despacio por el salón, mano en la pared, su mirada viendo y recorriendo cada rincón. —Mira esto, amor… aquí Alexei dio sus primeros pasos. Aquí Nikolai lloró su primera noche. Aquí… tú volviste del monasterio y me abrazaste como si nunca más me soltaras. Viktor la abrazó por detrás respirando su aroma, la barbilla apoyada en su hombro, con una mano en su cintura. —Y aquí te hice el amor la primera vez que fuiste mía de verdad, mi amor. No como contrato… como amor. Ella se giró y le da un beso lento y profundo con las lenguas apenas rozando felicidad. —Último adiós, rey. Este ático vio dolor, balas, lágrimas… y nos dio esta familia. Caminaron de la mano, pasillo donde Alexei gateó, cocina donde doña María gritó recetas, dormitorio donde Nikolai fue concebido en noches de reconciliación. En el balcón, la vista a Moscú nevada que cae en el suelo y golpeando en silencio los ventanales. Sofía suspiró con nostalgia y satisfacción compartidos. —Adiós, ático. Gracias por todo... de verdad. Viktor se apegó más a ella. —Gracias por resistir hasta que fuimos felices. Se dan otro beso largo, profundo, con sus manos recorriendo cuerpos conocidos. —Te amo, mi amor. En este ático y en la nueva casa. —Y yo a ti, Viktor. Siempre. Después de un momento de contemplación, cerraron puerta por última vez. Bajaron al garaje, montaron en el Maybach de Viktor. Viaje de ida, la nieve cayendo suavemente, la música baja, y sus manos entrelazadas. —Nerviosa por la nueva? —preguntó él. —Poquito. Pero contigo… emocionada. Llegaron al atardecer, mansión iluminada, jardín con luces, olor a barbacoa. Doña María y Ana en la puerta, Alexei corriendo. —¡Papá! ¡Mamá! ¡Casa grande! Alexei corre hacia ellos y Sofía lo carga, ambos le dan besos en la cabecita del niño. Dentro, las cajas casi desempacadas, muebles en lugar, cocina oliendo a comida. Doña María orgullosa. —¡Todo listo! ¡Ana y yo acomodamos! ¡Ahora cena afuera, probando jardín! Cena en terraza cubierta, barbacoa rusa con toques tradicionales de Doña María, arepas, carne, ensalada, vino para adultos, jugo para Alexei. Alexei corriendo por jardín nevado con linterna, Nikolai en cochecito mirando luces. Dimitri llegó con botella. —¡Por casa nueva!— dijo levantando las botellas. Brindis, risas, anécdotas. Sofía en regazo de Viktor. —Esto es hogar, amor. Él besó su cuello. —Contigo, cualquier lugar. La primera noche en la casa nueva fue tranquila, con la nieve cayendo suave afuera y el silencio del bosque envolviendo todo como una manta cálida. Viktor y Sofía se quedaron despiertos un rato más después de que los niños durmieran, caminando descalzos por los pasillos amplios, mano en mano, descubriendo rincones. Sofía se detuvo en la ventana del salón principal, vista al jardín nevado iluminado por luces suaves. —Mira esto, amor… nuestro jardín. Alexei va a volver loco a Dimitri corriendo por aquí en verano. Viktor la abrazó por detrás, besándole el cuello. —Y Nikolai gateando detrás. Y quizá un tercero persiguiéndolos. Ella se giró, con los ojos brillando con travesura y diversión. —¿Ya pensando en el tercero, rey? Acabamos de mudarnos. Él le mordió el lóbulo suave. —Con esta casa tan grande… hay que llenarla, mi amor. Se besaron lenta y profundamente, sus manos se recorren el cuerpo. Pero doña María carraspeó desde el pasillo. —¡Nada de tonterías la primera noche! ¡Que los niños duermen cerca! Los dos se rieron bajito, separándose como adolescentes. —Sí, mamá— respondió Sofía, guiñando ojo a Viktor. Al día siguiente, hay un caos feliz, desayuno en la cocina enorme, doña María estrenando ollas con arepas y huevos, Ana ayudando, Dimitri llegando con más cajas olvidadas. Alexei corriendo por el jardín nevado con botas nuevas, gritando y haciendo bolitas y angelitos de nieve. —¡Nieve! ¡Grande! Nikolai en brazos de Viktor, mirando todo con ojos grandes. Sofía en la terraza, café en mano, con el vientre rellenito pero cuerpo de madre radiante. —Esta casa… ya se siente hogar, amor. Viktor se acercó, la abrazó. —Porque estás tú, mi amor. Donde tú estés, es hogar. En la tarde de juegos, Alexei haciendo muñecos de nieve con Dimitri, doña María enseñando a Ana a hacer empanadas, Sofía y Viktor acomodando fotos viejas en la chimenea nueva, boda de blanco, isla, monasterio, niños naciendo. Ya para la noche, la cena en el comedor grande, mesa larga llena, risas, anécdotas. Doña María brindando con jugo. —¡Por casa nueva, por familia grande, por amor que sobrevivió todo! Alexei se queda dormido en brazos de Ana, y Nikolai en la cuna portátil. Sofía y Viktor se quedan en el jardín después, la nieve cayendo suavemente sobre el pavimento, mientras ellos quedan abrazados bajo luces tenues de la casa y el jardín. —Este año fue perfecto, amor. cerrando con mudanza, familia, amor. Él sonríe y se inclina para darle un beso lento y profundo. —Y uno nuevo empezando con más. Más niños, más caos, más nosotros. Ella sonrió contra su boca. con diversión, este momento era glorioso sólo para ellos. —Más tú arrodillado y feliz. Se ríen, se besan, nieve cayendo alrededor. La familia completa. El ático ya se fue, dándole la bienvenida a la casa nueva, un amor eterno y completo. La noche cubría su nuevo hogar, las estrellas iluminando su felicidad, la luna de testigo viendo esta familia que se había formado simplemente por un contrato, castigos, esclavitud... Pero con el tiempo, gracias a una intervención divina o milagro o mejor dicho, el mismo espíritu humano, la bondad que despertó Viktor logró construir algo mucho mejor que un Imperio mafioso, logró redimirse, encontró una liberación, conoció de Dios y construyó una verdadera familia con sus seres queridos, y Sofía... Sofía pasó por todo esos cambios, y no podía estar más feliz que nunca, pues su vida ahora era la mejor de todas, ahora podía sentirse verdaderamente feliz y amada.






