Cuando el cielo comenzó a clarear, por fin cayó en un sueño ligero. Sintió que apenas cerraba los ojos cuando el timbre de la puerta la despertó.
Aturdida y de mal humor por no haber descansado bien, farfulló:
—¿Quién es? —Intentó incorporarse en la cama, pero enseguida sintió un tirón tremendo en la pantorrilla—. ¡Ah!
Le dio un calambre. Como doctora, sabía que la solución era estirar la pierna de inmediato, pero con la barriga tan grande, no podía ni acomodarse bien.
—¡Ahhh! —gimió con lágrima