Mundo ficciónIniciar sesiónEl enigmático "científico" Simon Wise, envuelto en sus infames experimentos, desafía a la intrépida detective Alice Wayne y al departamento de policía de California. Sus innovaciones, aunque fascinantes, revelan una perturbadora realidad: la manipulación de seres humanos. ¿Qué ocurrirá cuando se enfrenten? ¿Usará a Alice como sujeto o ella lo entregará? Surge el interrogante: ¿puede un antisocial sentir empatía o apego hacia sus víctimas? La incertidumbre tiñe este perturbador juego psicológico entre el bien y el mal.
Leer másLa cabaña estaba sumida en una quietud inquietante. El silencio solo era roto por el crujir ocasional de la madera y el leve murmullo del viento contra las ventanas. Alice dormía en el sofá, su respiración rítmica y tranquila. Pero para mí, el sueño era un enemigo que no podía vencer.Me moví por la habitación con pasos silenciosos, observando cada detalle. Los recuerdos de la confesión anterior seguían frescos en mi mente, un torrente de emociones que no podía controlar. Había visto el miedo en los ojos de Alice, mezclado con compasión, y eso me atormentaba más que cualquier otra cosa. ¿Por qué me importaba tanto lo que ella pensara? ¿Por qué no podía simplemente seguir adelante con mi vida sin este peso?La respuesta era clara y cruel: porque me estaba enamorando de ella. Y eso era un error monumental.Me acerqué a la ventana y miré hacia el lago, su superficie tranquila reflejando la luz de la luna. Recordé la noche en que todo cambió, cuando el agua no fue solo un refugio, sino un
El bosque era un laberinto de sombras y sonidos inquietantes mientras seguía a Simon. Mi mente, todavía mareada por la caída y la conmoción, luchaba por mantenerse enfocada. Sabía que no podía dejarlo solo; había algo en su mirada que me decía que estaba al borde de algo peligroso, algo irreversible.A medida que avanzaba, la adrenalina bombeaba a través de mis venas, agudizando mis sentidos. Cada crujido de una rama, cada susurro del viento parecía amplificado en la oscuridad. Me movía con la cautela que había aprendido durante años de trabajo en el departamento de policía. Era un detective, y Simon no era solo un hombre en conflicto, sino un sospechoso con el potencial de convertirse en una amenaza real.Finalmente, llegué a un claro iluminado por la luz de la luna. Simon estaba allí, de pie junto a un viejo árbol caído, su figura solitaria y desolada contra el paisaje nocturno. Mi corazón se encogió al verlo así, pero sabía que no podía dejar que la compasión me cegara.—Simon —lla
La noche cayó con una calma inquietante, envolviendo la cabaña en una oscuridad casi total. Los únicos sonidos eran el crepitar del fuego en la chimenea y el ocasional crujido de la madera al asentarse. Me senté en el sofá, envuelta en una manta, con la mente todavía nublada por la confusión y el dolor.Simon se movía con una eficiencia silenciosa, colocando leña en el fuego y asegurándose de que todo estuviera en orden. Había una extraña dicotomía en él, una mezcla de atención meticulosa y frialdad que no podía pasar por alto.—Alice, deberías descansar un poco más —dijo, su voz suave pero firme—. La conmoción puede hacer que te sientas desorientada por un tiempo.Asentí, aunque una parte de mí se resistía a dejarme caer de nuevo en la inconsciencia. Había fragmentos de recuerdos que luchaban por emerger, pequeños destellos de lo que había sucedido antes de mi caída. Cada vez que cerraba los ojos, veía imágenes borrosas y oía voces distorsionadas que no podía ubicar.Me recosté, pero
El pánico me había llevado a la orilla del lago, pero no me proporcionó una salida. Mi corazón latía frenéticamente mientras mis ojos buscaban desesperadamente alguna ruta de escape. Al ver a Simon al otro lado del lago, su mirada fija en mí con una tranquilidad perturbadora, sentí una ola de desesperación.Comencé a retroceder, mis pies torpes y resbaladizos en la tierra húmeda. El suelo se volvió traicionero bajo mis pies y, de repente, me encontré cayendo hacia atrás. Intenté mantener el equilibrio, pero era demasiado tarde. Mi cuerpo impactó contra el suelo con un golpe seco, y mi cabeza chocó violentamente contra una roca escondida bajo la vegetación.El mundo se oscureció en un instante. Sentí un dolor agudo en la parte trasera de mi cabeza y luego, nada más.Cuando recuperé la consciencia, la primera sensación que me asaltó fue la de un dolor sordo y palpitante en la cabeza. Abrí los ojos lentamente, parpadeando contra la luz del sol que se filtraba a través de las copas de los
A medida que nos adentrábamos más en el bosque, el sendero se volvía menos definido. La luz del sol se filtraba a través de las ramas altas, creando sombras en constante movimiento que parecían seguirnos. Simon caminaba con una confianza perturbadora, como si conociera cada rincón de aquel lugar. Intenté mantener la calma, pero el creciente sentimiento de inquietud era imposible de ignorar.—Estamos cerca —dijo, sin volverse a mirarme.—¿Cerca de qué? —pregunté, tratando de mantener mi voz firme.—Lo verás —respondió simplemente, acelerando el paso.Finalmente, llegamos a un claro rodeado de árboles imponentes. En el centro, había una pequeña cabaña de aspecto antiguo, cubierta de musgo y con las ventanas rotas. Era un lugar que parecía sacado de una pesadilla.—¿Qué es este lugar? —pregunté, sintiendo un nudo en el estómago.—Una parte importante de mi pasado —dijo Simon, con una sonrisa enigmática—. Y tal vez, de tu futuro.Me estremecí. Había algo profundamente inquietante en su ton
El amanecer rompió la quietud de la cabaña con una luz suave que se filtraba a través de las grandes ventanas. Me desperté sintiéndome descansada y curiosamente en paz, algo que no había experimentado en mucho tiempo. La vista desde mi habitación era simplemente espectacular, con el lago reflejando los primeros rayos del sol y el bosque que comenzaba a despertar con el canto de los pájaros.Después de una ducha rápida, bajé al salón principal, donde Simon ya estaba despierto y preparando el desayuno. La imagen era casi doméstica: él en la cocina, con una expresión concentrada mientras batía huevos en un bol.—Buenos días, Alice —dijo sin levantar la vista—. Espero que hayas dormido bien.—Sí, gracias. Dormí de maravilla —respondí, acercándome a la cocina—. ¿Te ayudo en algo?—No hace falta. Ya está casi listo —respondió, ofreciéndome una sonrisa que no alcanzó sus ojos.A pesar de su amabilidad, había algo en Simon que siempre me resultaba difícil de descifrar. Su cortesía era impecab
Último capítulo