—¡Exacto! Yo sé quién es.
Aquella confirmación le recorrió la espalda como una corriente eléctrica. Luciana sintió un temblor aún más intenso y la voz le salió entrecortada:
—Él… él…
—¿Quieres saber quién es? —intervino la voz distorsionada, con un tono burlón—. ¿Tanto tiempo y no pudiste dar con él? ¿Crees que te lo voy a soltar así de fácil?
A Luciana le quedó claro que la persona buscaba algo a cambio.
—¿Qué quieres?
—Algo muy sencillo: cien mil pesos.
—¿Cien mil? —repitió Luciana, perpleja.