Definitivamente se notaba la buena intención… y también lo mucho que había cambiado la actitud de Victoria.
—¿Luciana? ¿Por qué te quedas ahí parada? —le dijo Victoria con una sonrisa, invitándola a sentarse y acercándole un tazón—. ¿No tienes hambre? ¡Come, come!
—Señora Domínguez… —respondió Luciana con un matiz de incomodidad—. En realidad, no hacía falta. Yo iba a comer en la cafetería.
—¿La cafetería? —repitió Victoria con sorpresa, como si fuera algo inaceptable—. ¿Cómo se te ocurre? Estás