—Pero, tía… —añadió Luciana, señalando las bolsas con ropa—. De verdad no puedo aceptar toda esta ropa.
—Si te la doy yo, la aceptas y punto —replicó Victoria, moviendo la mano para restarle importancia—. Ayer pasaste la noche cuidando de Fernando, ni siquiera te cambiaste. Considéralo un pequeño agradecimiento de mi parte, ¿ok? No le des tantas vueltas.
Dicho esto, Victoria se puso de pie.
—Todavía tengo que volver con Fernando. Tú tómate tu tiempo para comer. Dejé los recibos dentro de las bol