Mundo ficciónIniciar sesión“El lobo dorado” nos narra una aventura fantástica ambientada en algún lugar del norte salvaje del continente americano, donde las condiciones naturales extremas hace de los hombres conquistadores de esas tierras, animales tan salvajes como los que habitan allí desde tiempos inmemoriales. La obsesión de un adinerado por conseguir la piel dorada de un lobo solitario que persigue desde que lo dejó discapacitado de un mordisco, le lleva a tratar de convencer al mejor cazador de la zona para que le capture. El incrédulo cazador descubre la realidad de la leyenda de la peor manera posible, pagando un alto precio por la piel del animal. En esta ocasión, el escritor de novelas y cuentos, Leonel Sarpa, nos regala otra antología de cinco magníficas historias donde domina la ficción.
Leer másSe acercaba a ella y al mismo tiempo se desaparecían el hombre elegante sentado a la mesa, el restaurante al aire libre, los camareros, los edificios y hasta los adoquines de la calle. Cuando llegó a su lado solo existían ellos dos flotando en un universo de colores y giraban como en un torbellino rodeado de fuegos artificiales. No podía despegar su mirada de esa fina y perfecta hilera de dientes blancos y brillantes que se asomaban tras la sonrisa más encantadora que jamás vio en persona alguna. Ya habían hablado mucho durante esa semana, ahora solo se miraban extasiados el uno con el otro, reconociéndose como dos seres predestinados a estar juntos para siempre.— ¿Firmamos los papeles? —les trajo a la realidad una voz profunda, pero amable.Después de unos segundos de desorientación, Ricardo asintió con la cabeza y le ofreció una silla a la mujer. Se sent&oacu
Ricardo había buscado la felicidad desde hacía mucho tiempo. Para él, ese estado emocional no dependía de tener un buen trabajo o dinero en abundancia. Tampoco le brindaba mucha importancia al hecho de formar una familia, pues todas esas cosas las había tenido y no solo una vez, sino varias y en ningún lugar encontró la absoluta felicidad.Es cierto que en ocasiones vivió momentos sublimes en su vida de superación personal y de mucho valor sentimental, pero como casi todo lo que nos gusta en demasía, fue más efímero de lo que le hubiese gustado y solo dejó en su espíritu inconforme el deseo de hacer eterno ese sentimiento; algo parecido a lo que experimentan las personas que disfrutan del consumo de drogas por unas pocas veces y luego quieren estar intoxicados siempre. Entonces, cuando ya tenía la edad suficiente para comparar y sopesar todas las experiencias vividas
Ya la duda y la incredulidad habían desaparecido en la mente del científico y ahora el entusiasmo y la curiosidad le carcomían por dentro. Quería gritarle a su colega que se apurara, pero se pudo contener el tiempo suficiente para que el doctor Benjamín diera las órdenes para encender los equipos de la nave.—Solo podemos suministrarle electricidad por quince minutos, consume más energía que la producida por una de nuestras plantas nucleares.—Por eso son frecuentes los apagones desde hace un año y no por ataques de Hamas como se dice en los medios.—Muy bien, doctor, muy bien. Pero ya podemos hacerlo por ese tiempo sin afectar el servicio normal y no levantar sospechas. Ya viene, esté atento para que no se pierda detalle.Las paredes blancas comenzaron a brillar tenuemente, los paneles delante de los asientos se llenaron de teclados y símbolos, de botones y dib
Tocaron a la puerta tan fuertemente que toda la casa, herméticamente cerrada, retumbó como un tambor de guerra. Despertó unas centésimas de segundo después de su mujer, quien le miró con los ojos como platos decorativos y la boca abierta en señal de miedo y desconcierto. Trató de calmarla tomándole las manos. —Despierta a la niña y vayan al cuarto de seguridad, yo veré quien es. Un segundo terremoto sacudió otra vez la casa. Esto, lejos de alarmar al eminente científico y erudito lo calmó, pues si fuesen terroristas o enemigos tratarían de abrir por la fuerza y no tocarían a la puerta, si a eso se le podía llamar tocar. Se envolvió en la bata de baño, abrió la mesita de noche y desenfundó una Smith and Weston plateada. Saliendo de la alcoba se cruzó con su esposa, que iba en dirección del cuarto de pánico con la niña en brazos, dormida como un angelito. Había tenido un día duro en el parque de diversiones y estaba muerta de cansancio. La madre se alarmó al ver
Último capítulo