Marcos se reclina en el sofá, pasando una mano por su rostro con evidente cansancio. Sus ojos se fijaron en Ana con una mezcla de sorpresa y alivio cuando ella mencionó su viaje.
—Bien, ve con cuidado y me mantienes informado—responde, cruzando los brazos—. Cuidaré a Laura, no te preocupes.
Ana mantuvo su expresión serena, aunque por dentro su corazón latía con fuerza.
«La cuidará».
Ya sabía lo que eso significaba. Marcos no iba a dejar que Laura tuviera ese bebé o se rendiría a su encanto. Lo