—De lo único que no me arrepiento es de mis hijos que tuve contigo —murmura para si misma.
Aquello no era una carta de disculpa sino su última voluntad. Parece que al final le dolió más que Laura lo engañara a que el engañara a su esposa sabrá Dios por cuánto tiempo.
No eran explicaciones. Era una fría confirmación de lo que ya sabía, pero verla plasmada en papel la golpeó con más fuerza de la que esperaba.
Sus ojos ardían, pero se negó a parpadear. No iba a ceder ante la fragilidad de sus sent