Ana abre los ojos sintiendo una mezcla de emoción y nervios. Hoy era el día de su boda con Gregory, su alfa, el hombre que le había demostrado que el amor verdadero existía.
—Buenos días, futura señora de Gregory —bromea Valentina, entrando en la habitación con una sonrisa traviesa.
—Buenos días, mi amor —responde Ana, acariciando el rostro de su hija.
—Mamá, estás temblando —intervino Diego, mirándola con preocupación—No te preocupes te llevaré al altar.
—Es normal, cariño. Es un gran día. Y g