84: Tu... Bajo mi piel.
Mi corazón martillaba con una fuerza casi dolorosa, cada latido golpeaba mis costillas como si quisiera escapar. Y él… el imbécil de Valentino, en lugar de soltarme, sonreía.
Una sonrisa lenta, arrogante, como si todo esto fuera un juego en el que solo él conocía las reglas.
Su mano se apretó un poco más sobre mi boca. Quise morderlo, gritar, darle una patada que lo dejara doblado en el suelo, pero me contuve. Necesitaba saber quién era la persona que había entrado al baño. Cualquier movimiento