85: Se avecina una tormenta.
El tiempo parecía haberse detenido en aquel salón sofocante. Cada mirada dirigida hacia mí era más descarada que la anterior, como si todos se hubieran puesto de acuerdo para diseccionarme con los ojos. Sentía cómo la incomodidad me trepaba por la piel, clavándose como miles de agujas invisibles.
Solo quería irme. Necesitaba la seguridad de mi cuarto, el calor de mis hijos, y dejar atrás toda esa tensión que me estaba consumiendo por dentro.
—Quiero irme de aquí ya —le susurré a Mirko con voz f