83: Sin escapatoria.
Regresamos a nuestra mesa con la misma elegancia calculada con la que habíamos entrado, como si nada hubiese pasado. Pero sí había pasado. Lo sentía en el ambiente.
Todas las miradas estaban sobre mí.
Los invitados cuchicheaban disimuladamente entre copas de champán, las mujeres me escaneaban de pies a cabeza con esa mezcla de curiosidad y malicia que tanto conocía… y los padres de Valentino… Ah, ellos no apartaban los ojos de mí. Sobre todo su madre. Su mirada era punzante, fija, como si inten