46: Muerta en vida.
Me desperté en un lugar en penumbras, con un dolor insoportable en el rostro. Me levanté de aquel piso frío e intenté adaptar la mirada a la oscuridad; entonces una respiración entrecortada me espantó.
—¿Dónde estoy?—pregunté, llorando. No hubo respuesta, sólo esa respiración pesada, agonizante.
Me incorporé de un salto y miré de un lado a otro, como si eso sirviera de algo. Poco a poco mi vista se acostumbró y distinguí una figura al fondo.
—¿Estás bien?—pregunté con la voz rota. Entonces e