47: Esta es mi nueva vida.
Me desperté con un frío insoportable. No era un frío cualquiera, era un frío que mordía los huesos, que me dejaba temblando sin poder controlar mi cuerpo. El sudor me cubría y se sentía pegajoso, como si hubiera dormido sobre mi propio miedo. La boca estaba seca, pastosa, y cada intento de tragar me dolía. Nunca en mi vida me había sentido así, como si el cuerpo me estuviera abandonando poco a poco.
—Mamá —susurré, y después grité. La voz me salió rota, desesperada. La necesitaba. Era extraño