20: jugando con fuego.
Noah estaba distante, y yo moría por hablar con él sobre ese tema. Pero por su rostro, ya sabía la respuesta.
En el jardín, mientras desayunaba, él se acercó, me entregó un sobre y se alejó sin decir nada más.
—¿Qué es esto? —pregunté, levantando la vista.
—El señor Salvatore me ha pedido que se lo entregue.
Abrí el sobre. Mientras leía, no entendía nada. Eran escrituras a mi nombre de alguna propiedad.
—Creo que el señor Salvatore la quiere mucho —dijo Noah con una expresión seria.
Dejé los pa