Aysun se levantó, tomó el bouquet sobre la cama y se sentó al borde del colchón. Su reflejo en el espejo cercano le devolvió una imagen que no reconocía: el rostro pálido, los ojos rojos de tanto contener lágrimas, la expresión abatida. Recordó las palabras de Serhan resonando como un eco cruel: “Su destino, Aysun, es recordarme todos los días lo que perdí.
Se cubrió el rostro sumida en un fuerte arrepentimiento por haber permitido ese matrimonio.
—Debí huir, pero él habría matado a tantos inoc