17. Trae a mi mujer
—No era a ti a quien seguía, tú no estabas en el plan. —dijo Mert.
—No te creo, Aylen era mi prometida, la trajiste muchas veces a mi casa.
El Alacrán regresó tras el llamado de Serhan y encendió el mechero. Una llama azul iluminó la estancia. El calor se sintió de inmediato, mezclado con el olor agrio del gas. Él hombre se rio mirando a Mert.
—No tienes salvación amigo.
—Dime —prosiguió Serhan, sin alzar la voz—. ¿Quién te envió? ¿Qué tanto saben de mí?
Mert respiraba con dificultad. El sudor