El corazón de Aysun latía tan rápido que apenas podía respirar. Había logrado escapar. Durante una hora de clase, con la esperanza de que nadie la siguiera. Ahora estaba allí, en el pequeño restaurante donde la esperaba Mert.
El local olía a pan recién hecho y a café. Era modesto, pero cálido. La madre de Mert atendía detrás del mostrador, y al verla entrar, le dedicó una sonrisa amable y salió a darle un abrazo.
—¿Cómo estás hija?
—Bien, gracias. —Le había preguntado a Mert por qué no habías