Mundo de ficçãoIniciar sessãoJulian Kingsley, o cobiçado herdeiro da poderosa Kingsley Empreendimentos, vive aprisionado pelas expectativas da mãe, contratos rígidos e um destino já traçado: um casamento arranjado que ele jamais desejou. Determinado a romper essas correntes douradas, numa decisão impulsiva, Julian está prestes a mudar sua vida para sempre. Elisa Martins conhece bem a dor da rejeição. Noiva abandonada no altar, desprezada pela família do noivo e injustamente acusada de interesseira, seu mundo desaba em um único instante. Em meio ao desespero e à vontade de calar as vozes que a julgam, seu caminho se cruza com o de Julian, dando início a uma história inesperada. Dois corações feridos, mundos opostos e um casamento que nasceu de um acordo desesperado. O que parecia ser apenas uma união de conveniência logo se transforma em um turbilhão de emoções, segredos guardados e desafios que testam o orgulho, o desejo e a coragem de acreditar no amor novamente. Será que Julian e Elisa conseguirão vencer as barreiras das diferenças sociais e os fantasmas do passado para transformar um casamento por conveniência em uma verdadeira história de amor?
Ler mais*EMILY*
Soy una joven llena de vida y alegría, con un espíritu libre que anhela divertirse. Sin embargo, mi realidad es otra, aún vivo bajo el techo de mis padres, quienes son bastante estrictos. Mis amigas me invitaron a una fiesta y, emocionada por la idea, hice planes para el fin de semana. Mi día a día se resume en trabajar en la tienda de telas de mis padres, ubicada en el corazón de Londres. La vida no es fácil, pero mi padre ha logrado mantener a flote a nuestra familia. Sin embargo, anhelo mi independencia, no quiero estar más bajo su mando. Hace un mes, decidí dar un paso hacia mi libertad y envié varias hojas de vida a diferentes empresas a través de internet. Aspiro a mi libertad, a tomar mis propias decisiones y a salir a la hora que quiera sin tener que pedir permiso.
Después de un día agitado en la tienda, llego a casa. Hubo mucho movimiento, pero gracias a Dios, la semana ha terminado. Mis amigas de secundaria me invitaron a la inauguración de un nuevo club. Les confirmé mi asistencia, aunque aún no se lo he comunicado a mis estrictos padres. Como siempre, me veo obligada a mentirles. A pesar de tener 23 años, me tratan como a una adolescente y aún tengo que pedir permiso para salir, permiso que usualmente me niegan. Por eso, hoy diré que pasaré la noche con mi amiga de toda la vida, Rosa, quien siempre me ayuda con mis mentiras. No me gusta mentir, pero ellos me obligan a hacerlo al negarme constantemente la libertad.
—Emily, prepara la cena, estoy ocupada doblando la ropa —me indica mi madre. Detesto cocinar, si fuera por mí, solo comería comida rápida.
—Sí, madre, yo me encargo de eso —le contesto de mala gana. Realmente, detesto cocinar.
Así es mi vida, pero siento que está a punto de cambiar. He enviado mi currículum a empresas ubicadas en el corazón de la ciudad, lejos de la periferia donde vivo con mis padres. Anhelo tener mi propio espacio, un lugar donde pueda vivir sola y trabajar lejos de ellos. Los amo y respeto profundamente, pero su protección me asfixia. Deseo autonomía, anhelo la libertad de hacer lo que quiera sin tener que pedir permiso.
Después de la cena, me retiro a mi habitación, mi refugio personal. Allí, me sumerjo en el mundo de la música, especialmente las baladas. Soy bilingüe, hablo español e inglés con fluidez. Mi madre es de ascendencia canadiense, y mi padre la trajo a este país después de conocerla en uno de sus viajes. Se enamoraron y decidieron establecerse aquí. Él es bastante mayor que ella. Soy la hija menor, y mis dos hermanos mayores ya están casados y viven en otra ciudad. Por ser la única mujer, me sobreprotegen.
El sueño de mis padres es que me case aquí y tenga hijos, pero esos no son mis sueños. Por el momento, los chicos no me interesan. Quiero ser libre, disfrutar de la vida, salir cuando quiera, conocer gente nueva y lugares diferentes. Aspiro a manejar mi propio dinero, tener mi propio auto y mi propia casa. Sueño con vestir ropa de marca y darme el lujo de comprar lo que desee. ¡Dios, escucha mi deseo! Anhelo tener mi propia casa.
El sábado llega y mi alegría se desborda, mi cuerpo lo sabe. Tenemos planeado con las chicas bailar hasta altas horas de la noche y descansar todo el domingo. La vida está llena de posibilidades y no puedo esperar para explorarlas todas.
—Padre, madre, me voy —anuncio, ocultando mi atuendo festivo en una bolsa para que no sospechen de mis planes.
—No apagues el celular, te estaremos llamando, no te desveles mucho —me advierte mi padre.
—Sí, papi, nos acostaremos temprano —le respondo, aunque sé que no es cierto. No me gusta mentir, pero no me queda otra opción.
—Hija —interviene mi madre— ten cuidado con los chicos, no queremos sorpresas de embarazos no deseados. Eso solo cuando te cases.
Solo vamos chicas, mami, además los chicos no me interesan, tú lo sabes bien —le aseguro, y eso sí es verdad.
—Buena chica, te estaremos llamando —me dice mi madre.
—Sí, mami, no apagaré el celular, lo prometo —finalmente me dejan ir. Tomo un taxi directo a casa de mi amiga Rosa.
—Por fin llegaste, Emily, tenemos que arreglarnos, hoy seremos las reinas de la pista de baile —me dice Rosa al llegar.
—Me costó convencer a mis padres, tuve que fingir que pasaría una noche tranquila. Ya sabes cómo son, quieren saberlo todo —le cuento.
—Yo no tengo ese problema, vivo sola e independiente, ¡soy feliz! —se jacta Rosa.
—Yo también quiero ser independiente, me tratan como si fuera una adolescente, es vergonzoso —le confieso.
—Sí, amiga, pero mientras vivas en su casa, son sus reglas. Tendrás que aguantar hasta que consigas tu propio lugar —me aconseja.
—¡Sueño con ese día, ojalá consiga un empleo pronto, ruego a Dios para que sea pronto! —le confieso.
—Lástima que donde trabajo no hay vacantes, pero pronto te saldrá algo —me anima Rosa. —¡Ojalá Dios te escuche! Mi padre guarda mi dinero, dice que es para ahorrar, aunque no sé para qué —le cuento.
—Tu vida es complicada —comenta Rosa, y no puedo estar más de acuerdo.
Nos pusimos todas unas mamacitas, mi cabello es color rojizo a base de tintes. Me hace ver la piel más clara, estoy emocionada de que podré disfrutar la noche sin estar pensando de llegar temprano a casa. Mi amiga Rosa es piel bronceada, tiene unas piernas de infarto, no digamos el trasero. Las dos somos bombas, aunque yo soy más decorosa.
Llegamos al club, el sitio está a reventar, nos movemos al ritmo de la música, pasamos por unas mesas donde hay muchos chicos, pero hoy no andamos cazando maridos, hoy nos vamos a divertir, a gozarla rico. Cantamos a toda garganta, pedimos dos cervezas para empezar. Estamos sentadas y moviendo nuestro cuerpo al ritmo de las melodías que pone el DJ.
—Bebemos y después a romperla a la pista, ya sabes los pasos prohibidos.
—Estás segura, Rosa, aunque hoy quiero bailar hasta que me duelan las piernas.
Acordei com a sensação de que o mundo, por alguns instantes, havia deixado de existir. Elisa dormia aninhada em meus braços, seu rosto sereno colado ao meu peito, os lábios entreabertos num sopro suave de ar que me arrebatava de uma forma que eu não conseguia explicar. Havia uma paz ali que eu nunca conheci em nenhuma mansão dos Kingsley, em nenhum jantar de gala ou viagem de luxo. E, por mais que o peso da mentira que eu carregava me consumisse, naquele instante tudo o que eu queria era acreditar que poderia ser apenas um homem comum, marido de uma mulher que parecia feita para mim. Mas a ilusão foi breve. Assim que seus olhos se abriram, claros, atentos, Elisa sorriu e a primeira coisa que disse foi como uma flecha certeira no meu peito: — Agora que a gente está junto… percebi que não sei nada sobre a sua família. Elisa dispara a frase sem nem pensar muito. Fiquei em silêncio por alguns segundos, medindo cada palavra que poderia sair da minha boca. Podia simplesm
— O que é isso? — eu estava admirada com o carinho e o cuidade que Julian teve para preparar tudo isso pra mim. — Uma pequena lembrança. Abre. — Ele apenas deu um meio sorriso, cruzando os braços. Minhas mãos tremiam quando desfiz o laço e abri a caixa. Meu coração quase parou ao encontrar um vestido deslumbrante da Farfetch, acompanhado de uma bolsa Chanel tão elegante que parecia saída de um sonho. Toquei o tecido macio, sem acreditar que aquilo era real. — Julian… isso é… — minha voz falhou, e os olhos marejaram. — É lindo demais. Eu não… não mereço… Isso deve ter custado todas as suas economias. — Não diga isso. Você merece muito mais do que eu poderia ofe
O sol da manhã atravessava as cortinas finas da sala, desenhando feixes dourados pelo ambiente simples. Pisquei algumas vezes, confusa, até perceber onde estava. A lembrança de ontem à noite voltou como um vendaval: meu casamento relâmpago, Julian dormindo em meu quarto, eu encolhida no sofá tentando assimilar a avalanche de acontecimentos. Por um instante, pensei que tivesse sonhado tudo, mas bastou virar o rosto e ver Julian parado à porta da sala, encostado no batente, para entender que a realidade tinha ultrapassado qualquer imaginação. A visão me faz abrir um sorriso leve, a tranquilidade em seu olhar me transmite paz. — Bom dia, esposa — ele disse com um sorriso preguiçoso, os cabelos ainda bagunçados, vestindo uma camiseta simples que de algum modo parecia feita sob medida para ele. — Bom dia… marido. — Revirei os olhos, tentando disfarçar o calor que subiu às minhas bochechas. Ele se aproximou devagar, os passos firmes ecoando pelo piso de madeira gasta. Se
Enquanto Elisa se tranca no banheiro e o som da água do chuveiro ecoa pela casa, eu me ajeito na cama dela. Não é uma cama ampla e luxuosa como as que sempre tive, mas há algo nessa simplicidade que me atinge de forma inesperada. O colchão afunda sob meu peso, e eu me recosto contra a cabeceira, tentando ignorar a estranheza de estar naquele quarto que carrega a essência dela em cada detalhe. As cortinas claras, o cheiro suave de lavanda impregnado no ar, o abajur gasto que certamente deve ter acompanhado muitas noites de leitura solitária… Tudo grita Elisa. Tudo é dela. E, por algum motivo, me sinto mais confortável aqui do que em qualquer uma das suítes frias da mansão dos Kingsley. Pego meu celular e abro a galeria, parando na foto que tirei mais cedo da nossa certidão de casamento. É quase inacreditável. Meu nome está ali, ao lado do dela. Julian Kingsley e Elisa Martins. Um documento que deveria ser apenas uma formalidade para manter aparências agora parece ter pes
Depois de um dia longo e sufocante, apenas decidimos ir direto para a minha casa. Não havia planos, não houve preparação; tudo aconteceu tão rápido que Julian sequer teve a chance de passar na própria casa para buscar roupas ou qualquer coisa que fosse dele. Ficamos combinados de que, no dia seguinte, ele cuidaria disso. Ainda assim, quando a porta da minha casa se fechou atrás de nós, senti o ar mudar de peso. O silêncio que antes era confortável agora se tornou espesso, quase palpável, como se nos lembrasse de que estávamos sozinhos, juntos, dentro de quatro paredes. A ficha caiu com força: um completo desconhecido agora estava no meu lar, no meu espaço mais íntimo. E, de alguma forma, esse desconhecido era meu marido. Mesmo sabendo da formalidade absurda do que aconteceu, meu corpo ainda recusava aceitar essa proximidade. Julian era um homem que eu conheci a poucas horas, mas a intensidade da sua presença parecia como se já estivesse impregnada em cada canto da minha men
— Você realmente acha que sabe quem eu sou? — perguntei em um tom calmo, mas firme, deixando cada palavra pender no ar como uma ameaça velada. O silêncio que seguiu foi quase palpável. O sujeito ao lado da garota engoliu em seco, tentando manter uma postura altiva, mas o suor na testa o denunciava. — E por que, diabos, eu deveria saber? — ele retrucou, mas sua voz já não tinha a mesma força. Avancei um passo, o olhar fixo nos dois, e baixei o tom da voz, como se revelasse um segredo perigoso. — Você se diz executivo da Kingsley Empreendimentos, mas eu nunca vi você antes. — Fiz uma pausa, deixando meu olhar percorrer a roupa dele. — E essas falsificações baratas que você usa? Somente um idiota acreditaria nelas. Alice, que até então parecia confiante, mudou a expressão de imediato. Sua sobrancelha arqueada e os olhos semicerrados voltaram para o namorado. — O que ele está dizendo? — a voz dela tinha um fio de desespero. — Querida… eu posso explicar… — ele começou, mas a










Último capítulo