Cássio avanzaba entre la multitud frente al estadio con el celular pegado al oído, intentando escuchar la voz de Dorian en medio de los gritos y de los vendedores ambulantes.
—¿Dónde estás? —preguntó, esquivando a un grupo que cantaba animado el himno del equipo.
—Cerca de la entrada principal —respondió la voz firme de Dorian, como si estuviera en una reunión de negocios y no rodeado de hinchas.
Cássio alzó la vista, buscando, hasta que lo vio: inconfundible. Impecablemente arreglado, camisa s