El spa de la novia parecía una escena sacada de un comercial de perfume francés: luz dorada atravesando las cortinas, aroma de lavanda en el aire, bandejas con macarons de colores y dos mujeres en suaves batas disfrutando del lujo absoluto como si fuera lo más normal del mundo.
Malu estaba tirada en una chaise longue, con una mascarilla hidratante en el rostro y los pies sumergidos en una palangana de agua tibia, cuando dijo:
—Amiga… sinceramente, si hubiera sabido que casarse con Dorian venía