Dorian sintió que su propio corazón se detenía cuando la puerta blanca se abrió.
Por un instante cerró los ojos.
No porque quisiera evitar la visión…
Sino porque necesitaba asegurarse de que ella era real.
Cuando volvió a mirar, Francine estaba allí.
Vestida de novia.
Una aparición salida de algún lugar entre un sueño y un milagro.
Y ninguna expectativa, ningún recuerdo, ninguna fantasía que él hubiera imaginado en secreto se acercaba siquiera a aquello.
Ella apareció moldeada por la luz dorada