146 - Mañana de domingo

El domingo amaneció perezoso, pero Dorian ya estaba despierto antes de las ocho.

El silencio de la mansión contrastaba con la energía que palpitaba dentro de él, y lo primero que hizo fue cruzar el corredor hacia la cocina, no porque tuviera hambre, sino porque sabía exactamente a quién encontraría allí.

Malu estaba de espaldas, moviendo una tetera, cuando oyó sus pasos. Antes de que pudiera girarse, la voz grave cortó el ambiente:

—Entonces… ¿ya pensaste en una mentira lo suficientemente buena
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