CAPITULO 1

Hasta el peor villano tiene un corazón…

PRESENTE.

MASSIMO BARBIERI.

Balanceo el b**e en mi mano, mientras observo al desgraciado traidor que está encadenado y guindado de brazos. Le doy una sonrisa macabra esas que hacen mojar las bragas de las mujeres y temblar de miedo a los hombres débiles.

Soy cruel, amo serlo y como me fascina ver el dolor en los ojos de los traidores.

—Sabes… no sé si reírme de ti o cortarte una bola por ser tan estúpido al enfrentarte a mí —me paro frente a él —tienes agallas no hay que negarlo hombre. Pero es una pena que yo lo haya descubierto —digo antes de dar el primer golpe en sus costillas con el b**e. Después de esa vienes unas diez más. Él grita, grita tan fuerte que su voz retumba las paredes.

¡Jodido Dios, eso sí es música para mis oídos!

—¡Por favor, por favor jefe… se lo juro que no vuel...! ¡Ah! —vuelvo a golpearlo una y otra vez como si fuese una maldita piñata hasta que me canso y tiro el b**e en el suelo. El dolor, la sangre saliendo de su boca solo me hace sentir satisfacción. Su cuerpo tiene muchos cortes estratégicos, hay varias balas enterradas y un sin fin de tatuajes marcados con mi daga. Relamo mis labios, sus ojos están cerrados he hinchados de los tantos coñazos que le he dado. Mi corazón late fuerte, retumba en mi pecho con ferocidad. Quiero matarlo, matarlo a golpes y lanzarlo al lago Nevada.

—¡De verdad crees que te perdonare! —niego —¡no entiendo por qué las cucarachas como tu son tan ingenuas! —quito el sudor de mi frente —pero sabes algo… te perdonare la vida hijo de puta, pero antes llevaras siete marcas mías, recordatorio de quien en realidad es tu jefe y que ¡Una traición se paga con sangre! —escupo el suelo.

Extiendo mi mano y Lauro me entrega el hierro con mis iniciales. El hombre cuando ve lo que tengo en mi mano sus ojos se agranda más y niega con desesperación. Lo veo orinarse los pantalones, sonrió aún más, cuando me vuelvo acercar.

—¡No señor, se lo suplico no lo haga! —Ladeo mi cabeza antes de presionar el hierro caliente en su carne—¡Ah! — sus gritos para mí son tan satisfactorios, el hombre se revuelca del dolor, sus gritos llenan nuevamente el lugar, lo hago una y otra vez hasta marcar varias partes de su cuerpo. El hombre cae desmallado, pero llega Lauro con una cubeta de vinagre y lo hace despertar. El hombre jadea y chilla de dolor.

Lo tomo del cuello y acerco su rostro al mío—¡MI CHIAMO MASSIMO BARBIERI TU CAPO, SONO LUCIFERO!

***

Acomodo mi corbatín rojo, coloco los gemelos en las mangas de mi camisa blanca y sin ninguna arruga, amo los gemelos tienen una calavera con rubies incrustados en donde van los ojos, un bonito regalo de mi fiel aliado Marcello, mi hermano.

Perfumo un poco mi cuello y tomo mi saco. Me miro de nuevo en el espejo, al confirmar que estoy impecablemente perfecto bajo las escaleras con toda esa seguridad que me representa hasta llegar al final de la escalera donde mi hermano me espera.

Marcello Barbieri, tomo una bocanada de aire antes de verle a la cara —estas seguro que en ese lugar encontrare lo que busco…

—Estoy perfectamente seguro Massimo, además este año la temática es Latinoamérica y por lo que me dijo Madame Sofía hay una brasilera que retumbara el escenario —arqueo una ceja expectante. Noto su gran interés, cosa que llama mi total curiosidad, pero no pregunto.

—Bien, andando… —ambos salimos de la mansión y nos subimos a la tundra negra y por supuesto blindada. Traqueo mi cuello, el cansancio es más que notable he tenido mucho trabajo, aparte de manejar las vegas también tengo que estar al tanto de lo que pasa en Italia y las nuevas entradas de coca que llegan a Campania.

Prendo un puro y me mantengo neutro todo el camino, mi hermano se mantiene distraído en su celular mientras yo miro por la ventana del auto la ciudad. Sonrió al ver mis casinos. Yo soy el dueño de todo, soy el don de la Camorra, rey del mal, el hombre del infierno o como muchos me dicen el Lucífero, hades del inframundo.

“El poder es sangre y la sangre es muerte, entras vivo y sales muerto”.

Una hora después cuando la camioneta entra en el lugar y se estaciona frente al enorme edificio, detallo todo el local que parece un teatro, pero con aquellas luces de neón brillantes y el nombre de Ángeles arruina toda la estructura como tal. Me coloco mi chaqueta y la abotono antes de entrar junto a mi hermano.

—Espero que realmente valga la pena, no me gusta perder el tiempo Marcello. —Él suelta un suspiro y asiente, aunque parece más emocionado él que yo.

Caminamos por un pasillo hasta llegar a un salón con una tarima al fondo. Nos sentamos en las primeras mesas, ya hay algunos hombres de traje y máscaras tomando y comiendo algunos canapés. Ambos nos colocamos las máscaras negras que están sobre la mesa, pedimos una botella de vino rosa mientras esperamos la función.

***

CARINE…

TRES AÑOS ATRÁS.

—¡Ah, por favor, por favor ya basta! —Grito de dolor, Madame azota una y otra vez mi espalda haciéndome sangrar —¡por favor señora se lo ruego ya no más! —suplico.

—¡Cállate!, te lo tienes bien merecido por hacer que las demás chicas se rebelen —vuelve azotar mi espalda con el látigo. Jadeo cuando uno tras de otra llega la punta con nudos del látigo que abre mi piel de manera estrepitosa. Gimo de dolor, no lloro, mi piel esta rasgada y caliente, la sangre resbala por mi espalda.

Mis ojos cansados se cierran de repente, pero un balde con agua fría me hace despertar del mareo intenso. Sofía me toma del cuello, clavando sus uñas en mi piel y obligándome a mirarla a los ojos. La intensa mirada de la mujer hace que mi cuerpo se congele, no digo nada solo la miro débilmente.

—A pesar de esto sé que aprenderás, eres fuerte y Muy hermosa —pasa sus largas uñas pintadas de negro sobre mi mejilla, arañándola al pasarla —tendrás un muy bonito futuro muchachita y pagaran muy bien por ti pequeña.

Es una maldita mujer, una maldita y algún día me vengaría por todo lo que ha hecho sufrir. La miro con todo el odio que puedo tener y le escupo la cara.

—Bruxa podre, ¡Púdrete bruja! —ella se ríe y se limpia la mejilla con el dorso de su mano.

—Algún día me lo agradecerás angelito, cuando uno de los duros te compre por una exuberante fortuna y te haga suya y te dé como recompensa por tus servicios, dirás… madame Sofia tenía razón —se burla —pronto será el momento exótica, pronto tu príncipe dorado te sacara de mi palacio.

PRESENTE.

Me miro en el espejo, mi bodi negro de encaje marca cada curva que tengo, mi piel esta bronceada dándole ese toque dorado y distinto a mi piel blanca. Mi cabello cae en grandes cascadas sobre mi espalda, las alas negras me hacen parecer un ángel oscuro, “y acaso no lo era”, por supuesto, cuanto tiempo ha pasado desde que llegue aquí y a ahora es el día.

He sufrido mucho y luchado mucho para no ser castigada por la cruel Madame Sofía, dueña y señora de Angeles, un burdel de la alta sociedad, donde todos los hombres más ricos y poderosos vienen a fornicar con mujeres bonitas y de buenas curvas, cada año hacen un festejo donde eligen una temática y venden chicas vírgenes para ser mascotas de quienes las compran.

Cada una de nosotras somos conscientes de cuál es nuestro destino, nos domestican para ser sumisas y mujeres dispuestas a hacer todo los que nos piden.

Mis labios gruesos están pintados con un labial rojo mate, mis ojos azules remarcados con delineador haciéndolos más grandes, las pestañas postizas realzan mi mirada. Me quito el collar con dije de corazón. Me lo regalo mi madre cuando nací y desde entonces nunca me lo he quitado, pero ahora no lo necesitaba. Desde el día en que aquellos hombres me secuestraron he tenido esa extraña sensación de que en cualquier momento ella me vendría a buscar y me salvaría como la heroína que siempre ha sido para mí.

Ya esa esperanza se esfumo como el humo, ella ya no vendrá, llevo tres años aquí encerrada, soportando los golpes, convirtiéndome en la puta perfecta para complacer al hombre destinado a doblegarme.

Jure ser fuerte y mala, esa es la única manera de sobrevivir de este infierno donde he estado sometida a vivir.

Guardo la cadena entre mis pechos y acomodo el liguero en mis piernas. Los tacones de 17 cm me hacen ver más alta de lo que soy, no temo caerme estoy tan acostumbrada a usarlos que se me es imposible caer de ellos.

Perfumo mi cuello y termino de acomodar mi cabello rizado y negro como el carbón.

—Soy hermosa, soy Carine y eso nadie lo cambiara —murmuro para mí misma.

La puerta se abre y Sofía entra. Ella me mira de arriba abajo evaluándome. —Estas perfecta —murmura con sorna. Ella se acerca a mí haciendo resonar los tacones en el piso de madera. Acuna mi rostro entre sus manos y me mira con aquellos intensos ojos —una verdadera belleza Carine, eres muy afortunada y el hombre que te compre esta noche será muy afortunado, eres mi más bella creación —no digo nada, esa mujer malvada me cogió en sus alas apenas llegue aquí y me convirtió en lo que soy ahora. Su malicia fue sembrada en mí y es una de las grandes razones por la cual la odio con todo mi corazón.

—Madame ya estoy lista —ella asiente entusiasmada.

—Perfecto niña, no olvides lo que ensayaste ni mucho menos de lo que aprendiste, la única manera de estar bien con los hombres es manteniendo la cabeza baja y hacer lo que te piden sin rechistar, ¿estas entendiendo? —asiento. La mujer me toma de la mano y me saca de la pequeña recamara y me guía hasta llegar a la parte de atrás de la tarima. Todas las chicas están allí con sus trajes, somos 34, y cada una de nosotras tenemos una coreografía para llamar la atención del público, yo soy la última en salir.

—¡Espero que se comporten, y espero que no hagan alguna estupidez! —todas asienten temerosas de ella. Suelto todo el aire retenido antes de colocarme tras de Maya, una latina de cabello afro. Su traje es un enterizo de leopardo, lleva un maquillaje animalista.

—Toma… —miro a Sofía y ella me entrega una corona dorada y me la coloco en la cabeza —ahora si estas más que perfecta. Las chicas van pasando una por una hasta que llega mi turno.

—¡PRESENTANDO, AL ANGEL DE LA NOCHE, CARINE CARVALHO! —los aplausos se hacen escuchar y yo salgo. La brillante luz de colores ilumina la tarima, la música, muchos hombres silbando, no miro a ninguno de ellos, solo hago mi desfile antes de que la tela baje desde el techo y yo lo tome para hacer mi danza.

Enrollo mis brazos en ambas telas, me aseguro bien, la música de indila llena todo el lugar. Mi cuerpo se eleva mis alas caen y yo ejerzo fuerzas para enrollar la tela alrededor de mi cuerpo y caer, la corona sobre mi cabeza cae estrepitosamente, pero todos están muy atentos en mí.

La adrenalina que hay en mi cuerpo se siente tan bien. Cierro mis ojos y bailo, vuelo como ese pájaro libre y sin ataduras. Me elevo en los aires y vuelvo a caer, mis piernas se abren, doy algunas vueltas antes de estar en tierra otra vez.

La música cambia a una brasileña de MC Keninho, Ilha a Explosao, retumba en cada rincón del lugar. Diez chicas se unen a mí, todas movemos nuestros cuerpos y brazos, hemos estado practicando por meses, y cada una conocía la coreografía de memoria. Nos movemos al mismo tiempo, incluso hacemos twerking sin ningún tipo de pudor. Los gritos y silbidos no se hacen esperar, todas rompemos el escenario con nuestro baile provocativo.

Pude sentir muchas miradas una más intensa que la otra, pero las ignoré todas. Cuando la música termina estamos jadeantes por el esfuerzo.

Mi mirada se va a una de las mesas y me quedo mirando a dos hombres fornidos y vestidos de traje y máscaras en sus rostros. Uno de ellos me mira con lascivia y algo más algo que reconozco muy bien.

Poder, ese por el que todos se mueven.

A diferencia del otro hombre que me observa con una luz particular, alzo mi cabeza en modo de desafío.

***

MASSIMO.

La función comienza después de una breve presentación y dan inicio al evento. La primera mujer es una morena de ojos miel, lleva un exótico traje provocador de plumas, hace un bailar y pasan las siguientes. No lo voy a negar todas son unas verdaderas bellezas. De buenas curvas, de tetas grandes y un rostro angelical, cualquiera que las vieran dirían que no son vírgenes.

Suelto un suspiro pesado, necesitaba follar, y ver mujeres solo provoca un hambre que no ha sido saciado durante una semana.

—¡PRESENTANDO, AL ANGEL DE LA NOCHE, CARINE CARVALHO! —grita el presentador, voy a tomar un trago cuando la veo. Tan hermosa y sexy, con una mirada fría, pero puedo sentir la debilidad en su cuerpo. Ella camina como toda una diosa y da varias vueltas antes de hacer una danza aérea. Mi poya se pone dura con solo mirar ese culo redondo y perfecto. Sus alas caen al igual que su corona, una corona que pienso colocarle, alguien las recoge y sale del escenario rápido. La mujer sigue jugando con las telas hasta que ella cae y por un momento pensé que se daría de bruces contra el suelo.

—¿Ya has elegido? —pregunta mi hermano. Tomo un trago sin dejar de mirarla.

—Está justo frente a ti la reina de mi cama y placer —murmuro serio y concentrado.

Que la tierra arda porque en este preciso momento me estoy quemando y quiero ver arder a esa mujer de curvaturas divinas.

La veo bailar junto con otro grupo de chicas, ella se mueve como toda una diosa ya me estoy imaginando como se verá mi polla enterrada en su delicioso túnel de placer y moviéndose así.

—¡JODER!, que caliente —murmura Marcello con los ojos brillosos de la emoción. Rio por su manera infantil de reaccionar, aunque me da cierta molestia que la mire de esa manera.

Cuando todo termina la mirada de MI chica se fija en nosotros, sus ojos azules como el mismísimo cielo me enternece como a la vez me excita. Ella no tiene ninguna expresión, al ver que las demás chicas salen del escenario Carine también hace lo mismo desapareciendo de mi vista.

Todos empiezan a gritar su nombre, mis manos se hacen puño y me levanto de golpe alzando mi arma y lanzando tres tiros al techo. Todos se cayán.

En la tarima esta una mujer vestida con un vestido blanco que moldea cada parte de su cuerpo, ella me mira con una sonrisa —¡Carine Carvalho es mía, doy 100 millones de dólares por ella, alguien tiene alguna objeción! —miro a todos los hombres a mi alrededor. Todos niegan temerosos. Vuelvo a mirar a la rubia tonta.

—¡VENDIDA! —grita con emoción y sonriendo como si se hubiera ganado la lotería la muy maldita.

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