Me despierto toda adolorida, estoy más que identificada a los pequeños alfileres que se clavan en mi centro y la parte de atrás. Ayer una vez más tuve que ceder, siempre era lo mismo.
Cada vez que Massimo me humillaba yo lo perdonaba, así es nuestra vida y yo soy solo su esclava, esa que hace lo que pide sin negarme incluso hubo muchas veces que tuve que morderme la lengua por el simple hecho de no querer despertar a la bestia violenta que Massimo Barbieri posee en su interior.
Me doy una ducha