Sandro
La veo antes de que ella me vea.
Sentada en el banco, espalda recta, las manos crispadas sobre su bolso.
Tiene esa forma de mantener su postura, entre la huida y la defensa, como si la menor palabra pudiera hacerla explotar.
El viento juega en su cabello. La luz gris de la mañana le perfila el rostro, pálido, tenso, obstinadamente sereno.
Me quedo allí unos segundos, inmóvil, antes de avanzar.
Cada paso es una lucha contra mí mismo.
Porque sé que si hablo demasiado fuerte, se i