Alba
Camino rápido por la calle, con la respiración entrecortada, como si acelerar pudiera hacerme olvidar la noche, sus silencios y sus frases.
El viento muerde mis mejillas y enreda mi cabello. Siento cada mirada posada sobre mí, pero no tengo fuerzas para cruzarlas.
El café que vacié apresuradamente esta mañana todavía quema mi garganta. Es demasiado amargo, demasiado frío, al igual que esta historia.
Mi teléfono vibra.
Marco. No respondo. No quiero.
Cada vez que su nombre aparece, es una grieta abierta en mi pecho.
Sin embargo, sé que al final cederé. Que esta culpa, esta necesidad de huida, me empujará a contestar.
Camino hasta el paso de peatones, me detengo en el semáforo en rojo. Los coches pasan, el mundo continúa, indiferente.
Yo, estoy atrapada entre anoche y mañana, entre lo que quiero y lo que debería hacer.
El semáforo se pone en verde. Cruzo, rápido, torpe, sin mirar.
El teléfono vibra de nuevo.
Levanto los ojos al cielo, exasperada conmigo misma.
Marco insiste