Sandro
La sostengo aún, suspendida entre dos alientos, dos latidos, dos abismos. Alba gime, jadea, tiembla, y cada vibración de su cuerpo se convierte en una onda que atraviesa el mío. La habitación es un santuario, un mundo cerrado donde no existe nada más que sus suspiros, sus escalofríos, el fuego que desato y el hielo que aún retengo.
Sus gemidos... me consumen. Largos, frágiles, a veces quebrados, a veces violentos. Cada nota es una ofrenda, cada suspiro una confesión silenciosa. Ella cree