Alba
Él respira contra mí, justo lo suficiente para que sienta cada pulso, cada escalofrío. Sus dedos alternan entre la mordida helada del hielo y el calor de su piel, y pierdo la noción de lo que es real. Cada gesto es medido, calculado, pero aún así arde de intensidad.
— Sandro... susurro, casi un murmullo.
Él no responde. Solo una sonrisa contra mi nuca, un movimiento de labios que me quema más que todo lo demás.
Sus dedos se deslizan a lo largo de mi brazo, y cada contacto me hace estreme